La Presidencia eslovena de la Unión Europea juzgó hoy «arriesgado» afirmar que podrá salvarse el Tratado de Lisboa tras el «no» irlandés, en línea con un consenso creciente de que el bloque necesita de «reflexión y análisis» antes de lanzar posibles soluciones a su nueva crisis.
«Sería arriesgado decir que vamos a volver a dar vida al tratado cuando estamos frente a un bloqueo», declaró el canciller esloveno Dimitrij Rupel, cuyo país ejerce la presidencia de la UE, al llegar a una reunión con sus homólogos europeos en Luxemburgo.
«Es el momento de reflexionar y analizar un poco» la situación, agregó Rupel en este primer encuentro de altos responsables europeos luego de que Irlanda rechazase el jueves pasado en un referéndum el Tratado de Lisboa que debía facilitar el funcionamiento de la UE.
También presente en Luxemburgo, el canciller irlandés Micheal Martin estimó que era «demasiado pronto» para proponer soluciones al «no» de sus conciudadanos, de los cuales el 53,6% votó contra el Tratado de Lisboa.
«Nuestra opinión es que es demasiado pronto para comenzar a proponer soluciones. La primera cosa es iniciar un análisis profundo para comprender las razones detrás de este voto y ver cómo eso podría hacer evolucionar nuestra relación con la Unión Europea», agregó.
Los jefes de Estado y de gobierno de la UE invitaron al primer ministro irlandés Brian Cowen a explicar el voto de sus conciudadanos y presentar posibles soluciones durante la cumbre europea del jueves y viernes en Bruselas.
El Tratado de Lisboa sólo podrá entrar en vigor cuando sea ratificado por los 27 miembros de la UE.
Hasta el momento 18 países ya han cumplido con ese trámite por vía parlamentaria. Irlanda, único Estado miembro obligado por su Constitución a organizar un referéndum, también es el único en haberlo rechazado.
La mayor parte de los países de la UE se dijeron dispuestos a continuar el proceso de ratificación del tratado en los nueve Estado miembros del bloque que aún no lo han hecho.
La intención sería aislar el «no» de los irlandeses para no dejarles más opción que volver a votar el texto en algún momento, como ya les había ocurrido con el Tratado de Niza, que rechazaron en 2001 antes de aprobarlo con algunas modificaciones en 2002.
Pero el lunes nadie hizo referencia a ese plan, y muchos ministros prefirieron la prudencia ante la ausencia de «respuestas inmediatas», aunque con la esperanza de que el bloque logre salir de esta crisis tal como ha hecho en otras ocasiones.
«Siempre hemos salido adelante y en esta ocasión saldremos adelante. Respetamos la opinión de los irlandeses. Pero hay que pedir también que los irlandeses tomen nota de que casi 458 millones de europeos dicen sí al Tratado de Lisboa», indicó el lunes el canciller español Miguel Angel Moratinos.
En la misma sintonía, su homólogo finlandés, Alexander Stubb, se mostró optimista sobre la posibilidad de encontrar una solución, aunque recordó que la misma debe partir de la «solidaridad» y tener en cuenta a Irlanda.
«Necesitamos solidaridad, no vamos a dejar al costado a un amigo. Estoy seguro de que vamos a encontrar una solución para Irlanda», dijo Stubb, un europeísta convencido.
«La Unión Europea es la gestión de la crisis permanente. Vamos de crisis en crisis», indicó, y aseguró que «el tratado no está muerto».
Pese al «no» irlandés, el Tratado europeo de Lisboa «se va a aplicar aunque sea con unos meses de retraso», consideró el secretario de Estado español para la Unión Europea, Diego López Garrido, en una entrevista publicada ayer por el diario El País.
El rechazo del Tratado por los electores irlandeses «no es bueno pero tampoco hay que dramatizar», agregó confirmando la posición de confianza de los responsables españoles sobre esta cuestión.
Según López Garrido, los otros 26 países de la UE «han dicho que van a seguir con la ratificación» y «cuando este proceso culmine, a finales del año, habrá que evaluar la situación, pero yo creo que el tratado superará la prueba».
Será entonces Irlanda quien «tendrá que encontrar una fórmula jurídica y política para incorporarse» al Tratado, objeto del consenso de parlamentos que representan a 500 millones de europeos, subrayó.
La entrada en vigor del Tratado de Lisboa «puede que se retrase si es necesario par encajar de nuevo a Irlanda en el conjunto de la Unión» pero no irá «más allá de unos meses», juzgó el secretario de Estado español.