La primera fotografía que vi publicada en los medios de comunicación sobre los efectos del enjambre de los sismos que afectaron recientemente el territorio nacional, fue de una pared «de adobe» hecha pedazos a los pies de la familia habitante de la vivienda. Una prueba más de que se sigue construyendo sin utilizar materiales que brinden mínimas condiciones de seguridad, como que las autoridades siguen permitiendo edificarlas sin las condiciones mínimas para evitar desastres de gran magnitud. Días antes que empezara la Semana Santa, un matutino tituló así una noticia: «La velocidad hace que las carreteras sean peligrosas». Expresión dicha por alguien que debiera ser experto en prevención de accidentes de tránsito, pero que a la primera denota ignorancia, puesto que no solo un factor es la causa del calificativo.
Dicho en otras palabras ¡seguimos en pañales! Y todo porque olvidamos el principio que reza: «zapatero a tus zapatos», como que las designaciones o nombramientos se hacen la mayoría de veces «a dedo», olvidándonos que se deben atender únicamente los requisitos de mejor preparación y experiencia de los candidatos, más todavía, cuando se trata de ocupar cargos o posiciones de cuya responsabilidad depende la vida de millones de gentes. ¿Cuántas veces no han llegado a ocupar curules al Congreso diputados que apenas saben leer y escribir?; ¿qué decir de aquellos personajes nombrados en puestos claves solamente por compadrazgo, parentesco o afinidad de intereses particulares?
La gran mayoría de la población lleva muchos años pidiéndole a los gobiernos que, a cambio de pagar jugosos sueldos, al menos exijan profesionalismo a la hora de realizar sus labores y desempeñar sus funciones con honradez, especialmente cuando se trata de servir a la comunidad y con mayor razón, cuando se trata de asuntos de la más alta responsabilidad. ¿Y al fin y al cabo quién paga sus emolumentos?, ¿no es con el dinero que sale de los bolsillos de los contribuyentes?, ¿entonces por qué contentarnos con servidores públicos inútiles o mediocres, en el mejor de los casos, porque la gran mayoría de veces se trata de arribistas o allegados a quien lleva los pantalones en el gobierno?
Mientras Conred no pase solo de asegurar estar preparados en el caso ocurra un siniestro, porque en la realidad no lo están, nuestro país va a seguir en peores condiciones de cuando nos agarró con los pantalones en las manos el terremoto de 1976. ¿Por qué entonces no dejar siquiera por corto tiempo la inútil propaganda politiquera para pasar a desplegar una intensa campaña preventiva para que la gente sepa qué hacer en caso de un desastre, así como impedir que medios irresponsables difundan bolas alarmistas? ¿Cómo evitar una tragedia de Padre y Señor mío en los asentamientos humanos, si continúan las invasiones de terrenos situados en laderas, orillas de ríos, precipicios o barrancos por todo el país a ciencia y paciencia de las autoridades?