No hay tal posición equidistante


Oscar-Clemente-Marroquin

Yo tengo un gran aprecio personal por Miguel Ángel Balcárcel, académico de gran preparación y enormes dotes humanas, pero me ha causado una gran sorpresa verlo en el marco del conflicto por la reforma de la carrera de magisterio, porque como Presidente de la Comisión Presidencial del Sistema Nacional de Diálogo dice que tendrá una postura equidistante a la hora de abordar las discrepancias entre los estudiantes y sus familias con la Ministra de Educación, pero de entrada cierra la puerta a un verdadero diálogo al decir que ya el Gabinete decidió sobre el tema y que por lo tanto es algo así como cosa juzgada.

Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt


Lo más que ofrece es dar algunas explicaciones a los alumnos y padres de familia, sin oportunidad ni chance para que se pueda discutir tanto el fondo de la reforma con todo y su erróneo planteamiento de que la Universidad podría cubrir la demanda de los estudiantes, como la forma en que se implementó que ha sido básicamente el gran problema.
 
 Aquí hay que ver que estamos frente a un comportamiento arrogante de las autoridades de Educación que no tuvieron el tino de socializar efectivamente su propuesta sino que, como en los tiempos de Ubico, dispusieron que ya la decisión estaba tomada y que la masa, compuesta por alumnos y sus padres, tenía que aceptarla. Sobre todo se beneficiaron de una negociación vergonzosa con el magisterio que tiene enorme olor a soborno, puesto que el gremio que históricamente había sido consecuente con la defensa de los derechos de los estudiantes, recibió un jugoso aumento de sueldo que les provocó el silencio en un momento crucial.
 
 Y ahora nos dice Miguel Ángel que no hay más que aclararles dudas a los alumnos porque la decisión tomada ya en el Gabinete de ministros es irreversible. En otras palabras, basta que los ministros se hayan puesto de acuerdo para que la disposición adquiera características de infalible, lo cual es inaudito e inaceptable porque ni que tuviéramos un Gabinete más allá del bien y el mal, lo cual dista mucho de ser la realidad y asumo que con su enorme experiencia y el conocimiento que ha tenido a lo largo de tantos años de ver el comportamiento de nuestras autoridades, el comisionado para el diálogo tendría que tener claro que nada hay tan imperfecto, por no decir otras cosas que se justificarían por muy groseras que suenen, como nuestros sucesivos gabinetes.
 
 Miguel Ángel, más que alguien como la Ministra, conoce perfectamente la importancia social que tienen las escuelas normales y el papel que han jugado para facilitar a miles de familias escalar algunos peldaños gracias a la oportunidad de hacer maestros a sus hijos. Que el magisterio no está en los niveles en que estuvo en su época de gloria es absolutamente cierto, pero eso no es producto de fallas únicamente imputables a las escuelas normales, sino que es consecuencia del descalabro general de la educación que no ha sido abordado en esta propuesta de reforma. Porque los bachilleres en educación que produzcan, serán tan mal formados como los maestros de hoy y como los bachilleres en ciencias y letras o en cualquier rama de esas que se han inventado para sacarle pisto a los padres de familia y que no preparan a nadie para la universidad.
 
 Que una señora como la Ministra no entienda la dimensión social del problema es comprensible porque ha sido parte de un grupo elitista que se adueñó del sistema educativo desde los tiempos de Arzú y que mamaron arrogancia en esos años. Pero estoy seguro que Miguel Ángel sí entiende esa particularidad y por ello me cuesta entender su postura actual.