No hay peor cosa que los radicalismos


Creo que indudablemente el acontecimiento polí­tico mundial del año fue la elección de Barack Obama, no sólo por el color de su piel, sino porque constituye una generación de auténtico relevo en la polí­tica mundial con ideas inspiradoras que tienden puentes de comunicación entre distintos sectores, paí­ses, pensamientos e ideologí­as. Los primeros pasos que ha dado el Presidente Electo de los Estados Unidos son en verdad reconfortantes luego de un perí­odo de oscurantismo radical y permiten alentar la esperanza de nuevos aires en la conducción de la mayor potencia mundial.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Pero más luego de lo que se esperaba el Presidente Electo empieza a ser ví­ctima de las posiciones radicales de grupos que a lo mejor creyeron que la elección de Obama significaba el paso del radicalismo de la derecha religiosa al de una izquierda irreverente, ignorando que durante la campaña el futuro Presidente hizo hincapié en que pretendí­a reparar el daño causado por las profundas divisiones ideológicas alentadas desde la misma Casa Blanca, lo cual significaba la adopción de posturas conciliadoras en muchos temas.

La designación del pastor Rick Warren para dirigir la oración en el acto de investidura que se realizará en la escalinata del Capitolio el próximo 20 de enero ha generado una espectacular reacción de los grupos radicales de izquierda y, especialmente, de los activistas del movimiento homosexual que se sienten agraviados porque Obama escogió a un religioso que abiertamente ha cuestionado los matrimonios entre parejas del mismo sexo. Pero esos electores, que dieron su voto a Obama, aparentemente no se tomaron la molestia de averiguar cuál era la posición del Senador de Illinois en la materia, puesto que éste siempre dijo que él considera que el matrimonio es la unión de un hombre con una mujer, pero que reconoce y alienta el respeto a los derechos de las parejas homosexuales a unirse y gozar de los beneficios civiles que existen para el matrimonio.

Cuando uno repara en el hecho de que Obama se mantuvo al margen de la agria disputa que hubo en el más liberal de los Estados, California, con relación a la proposición para prohibir los matrimonios homosexuales y que logró triunfar con un margen mucho más amplio de lo que cualquiera hubiera previsto, entiende que Obama en este tema no adopta posturas radicales sino que más bien conciliadoras y eso es lo que puede ayudar a que se dé un reencuentro en la sociedad norteamericana dividida profundamente por el maniqueí­smo de la administración Bush que no sólo en el plano exterior dividió al mundo entre buenos y malos, sino que también a lo interno de los Estados Unidos satanizó a quienes no compartí­an la obtusa y estrecha visión del mandatario y de sus allegados.

Y viendo lo que ocurre con Obama pienso que tendrá que tener un talento especial para lidiar con esos grupos radicales, porque hay ejemplos de cómo los supuestos aliados se convierten en la peor cuña, cabalmente por ser del mismo palo. El caso de Allende en Chile, donde los radicalismos de sus seguidores ayudaron a precipitar la crisis y a provocar el golpe de Estado es uno de los tantos que se pueden mencionar. Por supuesto que el panorama es distinto por muchas razones, pero no cabe duda que la resistencia de los más liberales, en respaldo a la comunidad gay, puede minar muchos de los propósitos que tiene el nuevo gobierno norteamericano. Y es que esos radicales prefieren sacrificar siempre lo más por lo menos.