Reestructurar la carga tributaria, en el presente mes de diciembre, sería el mayor beneficio que podría dársele a la mayoría de la población, especialmente al pequeño y mediano empresario y a la totalidad de la clase media y a su vez le daría al actual gobierno la tranquilidad fiscal en los siguientes tres años de mandato. Obligaría también a la cúpula a pagar impuestos de manera justa.
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El Impuesto Sobre la Renta debe ser modificado como se ha planteado y dentro de los cambios, para beneficiar a la clase media, debe actualizarse el gasto deducible de 36 mil anuales y elevarlo a Q50 mil. Esto es urgente, no solo por la pérdida del poder adquisitivo que se ha producido en los años en que no se ha actualizado este gasto deducible, sino porque sería la evidencia de que el Congreso de la República y el Ejecutivo buscan la ecuanimidad y el beneficio que requiere para su auto sustento toda la clase media.
La creación del impuesto al reparto, acreditación a cuenta o envío de dividendos sobre acciones de sociedades mercantiles es un impuesto directo que existe en los países desarrollados. En los Estados Unidos, el mismo asciende al 40% de los beneficios o utilidades que se acreditan a los tenedores de acciones al repartir los dividendos, es el sustituto del Impuesto de Solidaridad; de una forma mucho más adecuada gravaría las rentas y no la actividad productiva.
Con este impuesto se está respetando el principio que los gravámenes sean proporcionales a la capacidad de pago. Por consiguiente, no debería ser atacado, cuestionado o impugnado por la cúpula económica y CACIF. Este impuesto estimula la inversión, la creación de fuentes de trabajo porque mientras no se repartan utilidades, sino que se inviertan las mismas, no hay hecho generador que gravar; por ello, es un estímulo a la inversión y consecuentemente a la creación de fuentes de trabajo.
El Ministerio de Finanzas ha planteado reformas al IVA. La más urgente, la más importante, debería ser que la SAT sea obligada a establecer en todos los mercados cantonales una delegación y un sistema de control de ingreso de mercaderías, para que los grandes proveedores, que le venden a los comerciantes existentes en los mercados, ingresen con facturas los productos industriales y manufacturados que al por mayor proveen para su reventa en los mercados; tales como: harinas, pollo, huevos, carnes, mariscos, pastas, pescado, etc.
La no aplicación del IVA en los mercados es para el consumidor final, no para el gran proveedor que hasta este momento se ha beneficiado y evadido el pago de impuestos del IVA y como consecuencia el pago de Impuesto Sobre la Renta, al no facturar todos los productos que ingresan por mayor a los mercados.
Aumentada la carga de impuestos directos y eficientada la recaudación del IVA en los mercados cantonales, el Congreso y el Ejecutivo pueden reducir los impuestos existentes en la importación y distribución de combustibles; así como en la importación de productos alimenticios integrantes de la canasta básica, con lo que se logrará un mejor poder adquisitivo de los asalariados y de la clase media, beneficiándose con ello al 95% de la población del país, combatiendo la crisis económica y social al reducir los impuestos indirectos y aumentar los directos.