Nunca había sido tan cierta la expresión como ahora que el Secretario General de la OEA se metió en realidad a Honduras, puesto que se trata de una gestión que tiene alto grado de dificultad y de la que no se puede esperar un resultado mágico. Según las declaraciones del chileno Insulza, llega a Tegucigalpa para decir que tienen que restituir a Zelaya en la Presidencia de la República, pero sus interlocutores serán cabalmente jueces, fiscales y diputados que tomaron la decisión de separarlo del cargo.
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La gestión de la Organización de Estados Americanos se vislumbra como la menos efectiva de todas las que se puedan implementar para lograr el restablecimiento de la Presidencia de Manuel Zelaya. La influencia de la entidad regional es bien escasa y cada día se le ve más maltrecha, situación que no es únicamente consecuencia de la insulsa gestión de Insulza que ahora se preocupa más por su reelección que por otras cuestiones, sino que porque en el fondo opera como una organización que apenas si representa a los gobiernos y no a los Estados de América.
Por eso es que otras instancias están tomando medidas que apuntan a presionar con cercos económicos y comerciales que pueden colocar a los hondureños en una situación muy difícil. El cierre de fronteras con algunos países de Centro América, además de la suspensión de desembolsos de los organismos financieros internacionales, constituye en realidad un golpe directo y muy severo que terminará por afectar a la población.
¿Serán los hondureños como los cubanos, que tras el bloqueo se unieron y fortalecieron a su gobierno o, por el contrario, terminarán por zafarle la varita al régimen surgido tras el golpe militar que expulsó a Zelaya del país?
Según los funcionarios hondureños, una vuelta de Zelaya implicaría la ejecución de la orden de detención girada en su contra el pasado fin de semana, porque ellos sostienen que tal instrucción penal está fundada en ley. Obviamente los militares se saltaron las trancas al secuestrarlo y meterlo en un avión, bajo el argumento de que si lo encarcelaban se armaría Troya en el país y podría haber un enfrentamiento brutal entre seguidores de Zelaya y los miembros del Ejército. Pero Insulza recibirá hoy, seguramente, los documentos que acreditan que hubo un proceso ajustado a la Constitución para ordenar la captura del Presidente en funciones y éste tendrá que defenderse conforme a las normas legales vigentes.
Por ello es que yo pienso que la solución al problema hondureño será muy compleja, porque hay implicaciones legales de mucho fondo y discrepancias políticas que dividen seriamente a la sociedad del hermano país.
Obviamente el detonante de la crisis no está únicamente en el empecinamiento de Zelaya para llevar adelante su consulta bajo la forma de encuesta, sino que hay que verlo en su estrecha relación con Chávez y los otros miembros del ALBA, situación que predispuso a una sociedad extremadamente conservadora a la que no le agradaron esas compañías. Una y otra cosa pesan mucho como para que mediante una visita insulsa se pretenda que el problema quedará resuelto.