No basta con darles de baja


Milton Alfredo Torres Valenzuela

La corrupción generalizada que azota todos los niveles de la estructura social y polí­tica del Estado guatemalteco, no tiene posibilidades de ser controlada con acciones paliativas y coyunturales que, a mediano y largo plazo, sólo propician la generación de males mayores y que, por un momento, pueden salvar la situación de credibilidad y de imagen de un gobierno y sus funcionarios, pero que, frente al futuro, no garantiza absolutamente nada, tal vez, y como ya dije, solamente males mayores. Es el caso, por ejemplo, de los despidos de funcionarios públicos a quienes se les ha comprobado culpabilidad en casos de corrupción. Aún más delicado el caso de policí­as involucrados en acciones delictivas mayores que ha ameritado su expulsión de tan delicada, compleja y desprestigiada institución. No basta con darles de baja, por el contrario, deben ser investigados y sentenciados, puestos en prisión o, en todo caso, ser vigilados constantemente, puesto que de baja se pueden convertir en delincuentes más peligrosos, por cuanto a su condición moral, de por sí­ precaria, añadirí­an el resentimiento y el peso del desempleo y la pobreza. Esto, unido a su experiencia en el manejo de armas y a los ví­nculos que sin duda tienen con el crimen organizado, además del conocimiento de la estructura y modo de operar de la policí­a, sólo garantiza delincuentes extremadamente peligrosos. Indicios de lo anterior han empezado a verse desde hace ya algún tiempo.

Es lugar común aseverar que los males deben ser atacados en su raí­z, lo que equivale a decir que se debe atacar y erradicar sus causas y no solamente sus efectos. En los casos que hemos señalado, está claro que las soluciones no son las que en primera instancia se reconocen y aplican. Es imperante refundar una institución (en este caso la Policí­a Nacional Civil), cuidando muy bien el carácter y naturaleza de sus estamentos y tratando de dignificar, a través del reconocimiento de la persona humana y de nuestra realidad guatemalteca en sus más delicados y esquivos matices, la labor y la responsabilidad de los policí­as y de todos los funcionarios públicos.

Nunca es demasiado tarde.