No aprobó colaboración


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El principal abogado de la CIA jamás autorizó el enví­o de un agente veterano de la agencia a Nueva York, donde éste ayudó a la policí­a local a poner en marcha diversos programas de espionaje.

Por ADAM GOLDMAN y MATT APUZZO WASHINGTON / Agencia AP

En varios artí­culos de investigación difundidos desde agosto, la AP reveló que con apoyo de la CIA, el Departamento de Policí­a de Nueva York desarrolló programas para vigilar a la comunidad musulmana local y construyó bases de datos sobre los lugares dónde personas inocentes de esa fe iban a almorzar, trabajar, rezar y hacer sus compras.

Policí­as vestidos de civil vigilaban las conversaciones en los vecindarios musulmanes y escribí­an informes diarios sobre lo que escuchaban.

Normalmente, cuando la CIA enví­a a uno de sus agentes para trabajar en otra agencia del gobierno, las normas quedan establecidas por escrito y por adelantado para garantizar que el servicio no rebase la lí­nea en cuanto al espionaje interno.

Conforme a una orden presidencial de 1981, la CIA tiene permiso para proveer «equipo especializado, conocimientos técnicos o asistencia de personal experto» a agencias policiales locales, pero solamente con la aprobación en cada caso de su asesor letrado.

Nada de esto ocurrió en 2002, cuando el director de la CIA, George Tenet, envió al agente veterano de la agencia, Lawrence Sánchez, a Nueva York, dijeron ex funcionarios de espionaje federales a la AP.

Mientras estuvo en la nómina de la CIA, Sánchez fue el arquitecto de programas de espionaje que transformaron al Departamento de Policí­a de la ciudad de Nueva York en una de las agencias de espionaje interno más agresivas de la nación.

El inspector general de la CIA descartó que la agencia hubiera incurrido en alguna irregularidad en su asociación con Nueva York, pero la ausencia de documentación y revisiones jurí­dicas muestran la turbiedad de las reglas cuando la CIA y el Departamento de Policí­a de Nueva York pusieron en marcha su colaboración sin precedentes en los meses de intensa vigilancia que siguieron a los ataques terroristas de 2001.