Fue Jorge Carpio (q.e.p.d.) político honesto y con buenas intenciones, otrora líder del centrismo en Guatemala, quien acuñó el eslogan «Ni para la derecha ni para la izquierda, sino al centro y para arriba». Digo esto, porque en busca del bien común siempre debiéramos actuar sin extremismos, apegarnos a la ley, sin ataduras o compromisos de cualquier especie. En ese mismo orden de ideas, resultó desacertada la decisión del presidente Colom, sin ponerse a pensar a quién afectaría, de cerrar las fronteras con Honduras en perjuicio económico y social de cientos, miles o millones de guatemaltecos que no tenían vela en el entierro hondureño, pues se trataba de un conflicto eminentemente político y muy particular de su terruño.
Si bien es cierto el espíritu de solidaridad debe existir entre países hermanos, también lo es, que los pueblos no tienen por qué pagar facturas ajenas. Suficientes y pesadas deficiencias tiene ya el actual gobierno por la ineficacia de sus planes de seguridad ciudadana, al no atender como se debe la enorme cantidad de carencias y necesidades a más de la tremenda corrupción e impunidad que sigue proliferando inconteniblemente. Si Colom y cualquier cantidad de presidentes le quieren seguir la corriente al nuevo «abanderado del derrocamiento» Chávez de Venezuela, que lo hagan a título personal pero sin llevarse entre los pies los intereses de los guatemaltecos.
Sabido es por todos que los extremismos sectarios se trajeron al suelo la estructura militar guatemalteca provocando que el narcotráfico se enseñoreara en nuestro territorio, ¿por qué perder el tiempo en lo que no nos va ni viene en vez de rectificar errores del pasado? Otra cosa, ¿qué piensa hacer el actual gobierno con ese descarado alineamiento a la ideología chavista, castrista o como quiera llamársele, inundándonos de petrodólares, para que a la hora que se le antoje a Chávez haga micos y pericos con nuestro país, incluso «derrocar» a un gobierno por no ser de su simpatía, aunque haya sido electo por voluntad popular? Como bien reza el refrán «No hay mal que por bien no venga» y creo que el derrocamiento de Zelaya debería sernos útil para abrir nuestros ojos ante la eventualidad de que más adelante se nos atoraran las carretas y no pudiéramos cumplir con los compromisos que el gobierno de Colom está pretendiendo asumir.
Es oportuno recordar a nuestras autoridades, que ninguna ideología política, sectarismo, interés particular o politiquero puede ni debe privar sobre los sagrados intereses del país. El presidente que sea, electo legítimamente, podrá gustar o simpatizar de los verdes o los colorados, pero no puede, ni debe inclinar al país hacia ningún lado. Que vea solo hacia arriba, en un esfuerzo continuado por elevar la calidad de vida y el bien común de todos los guatemaltecos. La patria merece honor, justicia y lealtad.