Al contemplar las conocidas caritas de los ex funcionarios corruptos, que para evitar ser juzgados hicieron lo imposible por ser colocados a la cabeza de los listados para diputados, de verdad que se asombra uno de la astucia de la canalla para evitar que la justicia le caiga encima.
Todo aquel que haya desempeñado un cargo público en el desempeño del cual pudo haber manejado fondos del Estado, no debería acceder a un cargo en el que goce del corrupto derecho a antejuicio. ¿Cómo es posible que si alguien a quién se debería de fiscalizar por sus muy probables movidas chuecas, logre un puesto como diputado del Congreso y así evite el ser juzgado?
Es éste un caso ante el cual un hidalgo caballero, si acaso pretende ser diputado, debería de renunciar a su mal engendrado derecho a antejuicio y entonces permitiría que se investigue su pasado. Es que si ese caballero no tiene colas, gustoso se sometería a buscar el más estricto finiquito. Pero? ¿existe entre los funcionarios públicos esa rara clase de hombre honrado?
Además de ello en Guatemala la repetitiva reelección no debería existir, porque es ese otro medio de perpetuar la corrupción. Acepto que alguien que ha hecho un buen trabajo como diputado, o como alcalde aspire a ser reelecto, una vez, pero esos diputados y alcaldes que se reeligen tres y cuatro veces, sientan funestos ejemplos que precisa evitar a toda costa. En Guatemala la repetitiva reelección es más dañina que beneficiosa, y para demostrarlo ahí está el caso del General que ha sido diputado y Presidente del Legislativo durante tantísimos años y es un prófugo de la justicia y quien ha evitado ser llevado a juicio mediante sus astucias y sus argucias.
Cuando, dentro de cuatro años nos toque a los guatemaltecos elegir nuevos diputados y alcaldes, ojala se haya modificado la ley y no se permita la reelección en más de una oportunidad.
Es cierto que en otros países del mundo la reelección es permitida, pero se trata de reelegir a aquel que ha descollado sirviendo eficientemente a la patria, pero en Guatemala la repetitiva reelección solamente sirve para proteger al delincuente, y, eso, deberá de acabarse antes del 2011 que serían las próximas elecciones.
Desafortunadamente, a aquellos a quienes corresponde modificar esa ley que protege al delincuente, es a los mismos delincuentes, y por lo tanto, esperar a que lo hagan esas joyas, es ilusorio, es utópico.
Tal vez se podría encontrar, entre los recién electos diputados un puñado de hombres buenos, honrados y valientes, que encabecen un movimiento y propongan una ley en contra de la repetitiva reelección.
Ojala se encontrara ese puñado, ente los nuevos, los que todavía no han sido contaminados.