La semana pasada salió un artículo en un diario español en el que se revela que los niños de ese país se sienten solos. La nota dice que uno de cada cuatro niños se la pasa en la más absoluta soledad en casa. Por eso es que desde muy temprana edad urge la compra de videojuegos, celulares, mascotas, computadoras y muchas películas. Los papás nunca están en casa y para taparle el ojo al macho son muy gamonales para entretenerlos.
La Encuesta de Infancia en España 2008 se realizó a 15 mil niños escolarizados de todo el territorio español, divididos en dos muestras con cuestionarios casi coincidentes, uno para los niños de 6 a 11 años y el otro para los de 12 a 14 años. Un dato curioso indica que los niños que viven en pueblos son más felices que los de la ciudad.
El celular, dice el trabajo, es el aparato por el que unos niños que se sienten solos consiguen comunicarse con sus padres. Un 17%%%% de los menos encuestados, tras pasar la mañana en el colegio, no ve a sus padres en toda la tarde. En un porcentaje elevado (20%%%%) el padre no está en casa a la hora de cenar.
A la debacle comunicativa en el hogar, hay que agregar que más de 25 mil niños de 6 a 14 años dicen que no tienen amigos en el colegio; 360 mil niños de 6 a 14 años sienten soledad en la escuela y un 23-26%%%% de niños afirma que sus compañeros no les defenderían o tienen dudas de que lo hicieran en caso de verse amenazados. Finalmente, hay 1,2 millones de niños de 6 a 14 años a los que nadie ayuda con los estudios. «Desde los 9 años la ayuda al estudio va decayendo».
En cuanto al uso de Internet y videojuegos, un 20 %%%% de los preadolescentes navega «casi todos los días». El 40 %%%% de los niños de 6 años juegan a los videojuegos. Un 33 %%%% de los encuestados de 14 también juegan asiduamente. El uso del celular en la franja de edad de 12 a 14 es común al 82 %%%% de los encuestados. El 43 %%%% de los niños entre 6 y 11 años tienen celular.
La encuesta española evidencia lo que también en los estratos medios y altos guatemaltecos sin duda sucede: el abandono a la buena de Dios de los hijos. Convencidos de la idea de que es importante la realización personal y el éxito en los negocios, los padres «posmodernos» no hacen sino vivir para trabajar, olvidándose de que los hijos tienen necesidades afectivas urgentes qué satisfacer. Trabajan como mulas todos los días y compensan su «pequeña» falta en el hogar auto engañándose con aquello de que su presencia es más bien de «calidad» que de «cantidad», que su labor es una necesidad pues sin la actividad frenética no hay comida, educación ni vacaciones y muchas imposturas más.
Los jóvenes de hoy, como los de siempre quizá, se meten al complicado mundo de los hijos, sin meditar apenas en las consecuencias de semejante brete. Buscan la paternidad y la maternidad como si fuera una obligación inscrita en sus naturalezas para después enterarse de que éstos sobran pues antes tenían un sueño profesional entre ceja y ceja. El resultado es que al no renunciar a sus sueños de éxito, los niños sufren la soledad de unos padres muy comprometidos consigo mismos. Aquí uno se podría preguntar: ¿Para qué paren hijos si no los van a atender?, pero la pregunta llega demasiado tarde.
Pobres los hijos con tales padres. Pobres los hijos de estos hijos que repetirán el modelo. ¿Costará tanto empezar a amar más responsablemente a los hijos?