La edad es una característica de todo ser humano. En Guatemala se considera adulta a la persona que tiene 18 años o más. Por debajo de este rango, las personas menores no son vistas como responsables de delitos mayores, tales como el homicidio y la extorsión. Grave error para protección de la niñez y la adolescencia, ya que estos sectores etarios son  utilizados por personas inescrupulosas para cometer actos de transgresión a la Ley. Debido a que tanto niños como adolescentes son penalizados con débiles sentencias en comparación a las mismas acciones punibles realizadas por adultos y castigadas con mayor severidad.
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Creo necesario una revisión analítica sobre el concepto de edad adulta debido a que ésta no siempre va vinculada con la edad cronológica.Â
En especial cuando observamos a adultos actuando como niños y a nuestra niñez jugando el rol asignado a un adulto. Es decir, hombres y mujeres de 40 y más años, quienes todavía no han podido ejercer su independencia, que aún conviven en el seno familiar, sujetos a la disciplina y normativa de su familia primaria.
Por el contrario, de niñas y niños que ejercen el rol de adultos, luchando por su sobrevivencia y buscando la compañía de alguien más para aliviar el desamor de su existencia. Se orientan hacia grupos de coetáneos con la intención de ocupar algún papel protagónico en la vida o tan sólo para realizar una pequeña inhalación y exhalación dentro de su entorno.
He observado con preocupación que la esperanza de vida de nuestros jóvenes en Guatemala, no es vista por ellos mismos hasta la vejez. Es sin duda aún menor en las y los jóvenes que pertenecen a sectores excluidos dentro de la sociedad y participan en agrupaciones juveniles conocidas como maras. Pero también valdría la pena evaluarla en otros sectores considerando las variables sociales, económicas, culturales, étnicas, de género y en las comunidades en donde el estrés post trauma ha sido seguido de otro. No habiéndose recuperado de un primero, teniendo secuelas, se une otro estresor sin haber tenido la oportunidad de habilitarse de un primer caos manifiesto.
También es oportuno señalar que en nuestro país a la gente se le considera vieja desde muy joven; sólo basta ver las ofertas de empleo y algunas de las oportunidades de estudios, las cuales se restringen hasta antes de los 35 años de edad.
Es decir, quien es considerado por arriba de los 60 años, el adulto mayor, aún tiene mayores dificultades para ubicar su existencia dentro de esta sociedad que solamente contempla la vida desde la juventud y para la juventud;Â esta es una actitud que conlleva al menosprecio y al deterioro del valor de la vida por sí misma.
La edad adulta, entonces, ha de ser vista no tan sólo desde la perspectiva cronológica sino que hemos de analizar las actividades y estilos de vida de las diferentes personas. De tal manera que nos encontramos con niñas y niños viejos; y adultos y viejos niños.
Desde el marco legal, la edad adulta supone el momento en que la Ley establece que el individuo tiene plena capacidad de actuar. Dentro de las etapas de desarrollo psicosocial de Erickson, la edad adulta implica el inicio de una vida independiente, mirar hacia el futuro en términos de una profesión u oficio, de relaciones sociales mutuamente satisfactorias, a través de relaciones de pareja, de amistades o del establecimiento de una familia, de una vivienda y del involucramiento en la actividad laboral que conlleva al autosostenimiento económico. Todo lo anterior ayuda a tener conocimiento de quién se es dentro de la existencia y de qué rol se ocupa dentro de un grupo social determinado permitiendo de esta manera otorgar sentido a la vida.Â