Niños de Gaza vuelven a la escuela cargados de horror


FOTO LA HORA: OLIVIER LABAN-MATTEI

Una maestra palestina juega con sus pupilos en una escuela primaria en Beit Lahia, al norte de la Franja de Gaza.» title=»FOTO LA HORA: OLIVIER LABAN-MATTEI

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<p>Más de 200 mil niños de Gaza regresaron hoy a la escuela tras la operación militar israelí­, habiendo perdido en muchos casos casa, familia y sentido de la seguridad.</p>
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La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA) reabrió las 221 escuelas en las que educa a los palestinos de la franja de Gaza y que han servido de refugio para miles de personas durante los 22 dí­as de la ofensiva israelí­.

En el colegio Al Zukur de la localidad de Beit Lahiya, los niños con sus inmensas mochilas jugaban ruidosamente en el patio, mientras en las plantas superiores del edificio una de las aulas, que una semana antes habí­a sido alcanzada por un misil israelí­, seguí­a calcinada.

Tras el bombardeo al colegio, se habí­a declarado un incendio que provocó el pánico entre las cerca de 1.600 personas que estaban refugiadas en su interior.

Murieron dos niños, de cinco y siete años, y al menos 12 personas resultaron heridas, entre ellas la madre de los pequeños, a la que se le tuvo que amputar una pierna, según la ONU.

Es una de las tres escuelas con refugiados que fueron atacadas por el ejército israelí­ durante la guerra. El 6 de enero murieron 40 personas en el bombardeo de otro colegio de la ONU.

El ejército israelí­ dijo que estaba respondiendo a un ataque que procedí­a de estos edificios o de sus proximidades, pero el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, calificó los bombardeos de «vergonzosos» y pidió que se pidieran responsabilidades ante las instancias jurí­dicas.

En Al Zukur, según los servicios médicos palestinos, las secuelas del conflicto, que ha dejado más de 1.300 muertos -un tercio de ellos niños-, no sólo se ven en los muros.

«Dad un paso adelante si vuestro padre o vuestra madre han muerto en el martirio», dijo el director Riad Maliha por el megáfono cuando los niños estaban dispuestos por filas.

«Dad un paso adelante su vuestra casa está destruida», añadió.

Más de 20 niños se acercan a inscribirse para que sus familias puedan acceder a las ayudas de la ONU. Entre ellos, Anas Abas, un niño tí­mido de 12 años.

«Destruyeron nuestra casa y mataron a cinco de mis vecinos. Los judí­os estaban muy cerca de nuestra casa», dijo.

Al igual que el resto de los niños, se expresa con frases cortas y a menudo responde con una sola palabra, callando la mayor parte de lo que ha vivido.

El director, Maliha, explica que en los primeros dí­as de clase los profesores intentarán hacer que los niños se expresen.

«Animarán a los niños a hablar de lo que les ha pasado, a dibujar y a escribir sobre ello», dijo. «Imagine cómo serán las conversaciones. Decenas de niños traumatizados vuelven hoy al colegio», añadió.

A Jitam Aziz, psicólogo de Al Zukur, los niños le preguntan sobre la clase incendiada, o sobre los agujeros que han dejado las bombas en las paredes.

«Me preguntan por qué han bombardeado la escuela y dicen que tienen miedo de que (los israelí­es) vuelvan. Les decimos que los judí­os no volverán a atacar la escuela, que no tengan miedo, que pueden jugar», explica.

La mitad de la población de Gaza tiene menos de 18 años y más del 80% de la población depende ahora de la ayuda de la ONU para comer.

Tanto Israel como Hamas declararon un alto el fuego unilateral el pasado domingo y las tropas israelí­es concluyeron la retirada el miércoles de un territorio donde han dejado miles de casas en ruinas.

HISTORIA Se casa para criar combatientes


No hubo fiesta cuando Aí­da al Qadumi logró finalmente casarse esta semana en Gaza. Tampoco hubo lamentos, porque esta mujer de 24 años que sueña con morir como «mártir» en Israel, se casa para criar «combatientes» palestinos.

La pareja decidió anular la fiesta «por respeto a los mártires». Y de hecho el salón de bodas que habí­an alquilado frente al mar para las celebraciones fue destruido por los bombardeos israelí­es.

En una esquina del salón, las familiares y amigas de Aí­da, vestidas de negro de la cabeza a los pies, están sentadas en silencio.

Aí­da, por su parte, vestida con un traje largo blanco y dorado, habla en voz baja. Dice estar «contenta» por casarse. Pero también «triste» por las «destrucciones y los muertos».

Vive en el barrio de Chujaiya, un bastión de Hamas, en el que los combates fueron muy violentos. Han sido destruidas decenas de casas y han muerto decenas de personas, entre ellos muchos civiles. Tras la boda, irá a vivir a casa de su marido, en el barrio de Nasser.

«Durante la ofensiva, bombardearon varios edificios de al lado. Gracias a Dios, nuestra casa no ha resultado afectada. Vivimos constantemente con miedo», añadió.

Sus palabras están llenas de referencias religiosas. «Mi vida está en manos de Dios», dice como respuesta a una pregunta sobre sus ambiciones en la vida.