Niñez trabajadora


En el diario vivir problemas siempre hay, algunos son tropiezos y entonces los encontramos; pero otros son provocados por el hombre o la mujer. Depende en consecuencia, qué actitud asuma la persona a tí­tulo de protagonista, o bien con el membrete devenido de su inserción obligada.

Juan de Dios Rojas
jddrojas@yahoo.com

Todo problema, dicho en forma sencilla como mera dificultad, abunda en el medio, donde surgen cualidades a montones, resultantes de la verdadera resaca que envuelve sin excepción. La mayorí­a, conforme constataciones recogidas datan desde largo tiempo atrás en una lista interminable.

El calificativo de muestra selectiva, viene muy a propósito al hacer referencia al de la niñez trabajadora, capaz de inmiscuir también a la adolescencia. Casos concretos la niñez de la pólvora, de la piedra y similares que exponen cuadrados humanos alarmantes, por demás complicados.

Esos constituyen a causa de su persistencia patética los más conocidos en el entorno, merecedores no sólo de ser divulgados, objeto natural de análisis y comentarios, por añadidura. Aunque hasta en la actualidad, ajenos totalmente al tratamiento consiguiente que rompa una indeseable actitud.

Tienen sin embargo, pese a su diversidad y peculiariedad inclusive, un denominador común que los equipara en general, ni vuelta de hoja. El hecho de significar una clara explotación inmisericorde, proveniente de opresores inconfundibles, que adquieren presencia dondequiera con desfachatez.

Paí­ses que responden a la nomenclatura de desarrollados, no así­ de civilizados quí­micamente puros, a menudo, es mejor hecha la alusión de persistente, son dados a tildar a modo de la Edad Media, este trabajo. De verdad un coro semejante aunque en ví­as de desarrollo hace también lo propio.

Entre los ejemplos que ponen al desnudo dicha problemática constante y creciente está el caso de Guatemala ante los ojos del mundo, además de estar invariablemente en el ojo del huracán. Si ahondamos en el asunto de mérito, llegamos a la conclusión que nada ni nadie trata de borrarlo del mapa.

Mueve, reiteramos a la conmiseración constatar los ejemplos señalados en abundancia, deprime el espí­ritu encontrar aún en pleno siglo XXI su constante. En condiciones infrahumanas realizan aquellas labores para gente mayor la niñez y adolescencia trabajadora en varios lugares patrios.

Tareas aquí­ referidas aparejan sin asomo de duda gran peligro para su salud, a la vez que atinente a su seguridad personal, expuesta de un todo. Los trabajos que ellos y ellas ejecutan a tan temprana edad, según parámetros conforman explotación en el rol de ser laborantes obligados.

Enrolados de esa suerte sin suerte al trabajo prematuro, quedan marginados de lo natural de ese nivel de vida que inscribe acciones del juego a la cabeza, para dar vigencia al nivel sicomotor. Entre otras limitaciones que implica definitivamente señalamos el de la escolaridad, como derecho.

Si en el ámbito capitalino y poblaciones adyacentes, valga la expresión este problema sigue campante sea como sea, no se diga en el área rural. Allá el medio es diferente en todo sentido, y es donde el trabajo infantil y del adolescente es cosa común y corriente, pero continúa a la vista.