La vulnerabilidad de Guatemala quedó en evidencia ayer cuando un ventarrón, de los que conocemos como «chiflones», derribó cables del tendido eléctrico provocando un apagón que se extendió por más de dos horas justo al anochecer y cuando el tráfico en la capital se vuelve más denso. Un eficiente sistema de electricidad tendría que disponer de sensores para localizar los puntos de una falla provocada por fenómenos naturales y especialmente cuando se trata de algunos previsibles, como los fuertes vientos que habían sido anticipados por el Insivumeh, debieran de estar en alerta las cuadrillas para reparación de posibles rupturas de las líneas.
Pero además debieran de existir mecanismos de reacción que impidieran que los capitalinos quedaran atrapados en los enormes congestionamientos de tráfico e instrucciones para que la población no sufra las consecuencias de un apagón de ese calibre. Se sabe que los ladrones tuvieron más capacidad de reacción que las fuerzas de seguridad y por ello hubo un alto reporte de hechos delictivos durante las dos horas que en promedio duró el apagón que afectó al territorio nacional y de manera muy especial, por la densidad poblacional, al área metropolitana.
Hace mucho tiempo que en La Hora venimos insistiendo en que nuestro sistema de prevención de desastres es, como cruel paradoja, uno de nuestros peores desastres. Porque no tenemos autoridades que tengan conocimiento ni preparación de cómo deben reaccionar en situaciones de emergencia y por ello es que la cola de cualquier huracán es capaz de provocar estragos de gran magnitud. Gracias a Dios nos hemos librado del más grave de nuestros riesgos, el de un terremoto, porque con autoridades en Conred como las que tenemos y que son reflejo de la autoridad nacional, estaríamos condenados a pagar un alto precio en vidas humanas.
Desafortunadamente nadie piensa en los desastres hasta que se producen. Para el gobierno de Colom puede ser una bendición que haya ocurrido lo de ayer, puesto que le permite, con relativo bajo costo, entender la dimensión e importancia de la prevención de desastres y la necesidad de contar con profesionales en la materia. Cuba puede darnos una importante asesoría en ese campo porque son extraordinarios en previsión y de ellos podríamos aprender mucho porque sus éxitos no están basados en alta y costosa tecnología, sino que en una mística especial para entender lo que es servir a la comunidad en situaciones críticas. La nueva Presidencia tendría que adoptar una política radicalmente distinta en materia de prevención porque en estos cuatro años hubo marcado retroceso debido a que prevaleció el compadrazgo.