Ni moralista, mucho menos viejo cerrado


Algunos integrantes de las nuevas generaciones nos ven a los que pasamos la barrera de los 60 años como moralistas o viejos cerrados, lo que nos impide ver más allá de nuestra nariz o de percatarnos que los tiempos han cambiado. El mismo criterio lo he leí­do muchas veces en correspondencia enviada por jóvenes «de la nueva ola» que creen que los tiempos han cambiado, confundiendo la libertad con el libertinaje o que ser de «avanzada», es igual a ofender, faltarle el respeto a quien no piense como ellos, mucho más a quien se atreva a llamarlos al orden.

Francisco Cáceres Barrios

Cada cosa tiene su debido tiempo y su preciso lugar. No por sentirse miembros de las nuevas generaciones crean que no tiene nada de malo tomar sin permiso o autorización el automóvil del padre, de un familiar o de cualquier otra persona para ir a dar una vuelta y tomarse un par de tragos con los cuates. Por ello y por el tanate de patojos sin buena formación y educación es que se han vuelto delincuentes, que sigamos con el promedio de 17 carros robados diariamente en el paí­s, como que los í­ndices de accidentalidad en la juventud sigan en alza incontenible.

Y todo ello se ha ido degradando cada dí­a de tal manera que hoy tenemos diputados que amparados por el calificativo de «dignatarios» irrespetan a sus electores, no se diga a las leyes que nos rigen. Actualmente nada de extraño tiene que chirices de 15 se metan en la tienda de la esquina a ingerir bebidas espirituosas, las que abiertamente se siguen publicitando como la cosa más normal y corriente en este mundo. No, no soy ningún viejo mojigato, tan sólo un hombre maduro que ha pasado más de 60 años percatándose que ningún exceso es bueno, ni para el hombre o la mujer, ni para los jóvenes ni para los viejos, ni para los con pisto, mucho menos para los pelados.

No es ningún viejo cerrado el que le recomienda a un hombre de 40 años que deje de fumar porque le cae mal. Esa es la verdad demostrada y punto. Como tampoco lo es aconsejar que si se sale con niñas de la buena vida se debe llevar consigo la debida protección. «El tiempo es un gran maestro» escribió Corneille, y sólo los que sobrevivimos más de cinco decenios podemos ratificar y firmar la gran sabidurí­a que encierra su mensaje.

La experiencia adquirida a través de los años nos hace asegurar que sin valores y principios, nadie, individual o conjuntamente, va a lograr la satisfacción plena del deber cumplido. Quien contradiga lo anterior me resulta igual a cuando los gobiernos de turno disponen decretar impuestos que terminan pagando ineludiblemente el pueblo, en vez de ajustar sus egresos a lo que perciben o de reducir racionalmente sus gastos. Hacer lo más fácil o lo que más convenga a sus particulares intereses no siempre es lo mejor, mucho menos, lo más trascendente.