Esta mañana escuché declaraciones del Vicepresidente de la República sobre su papel en el rol que se ha asignado como una especie de Zar Anticorrupción y nuevamente me di cuenta que el doctor Espada debe haber sido muy bueno con el bisturí, pero no tiene ni la menor idea de lo que está haciendo. Palabras vacías y sin sentido fueron el resumen de su exposición ante los entrevistadores de Emisoras Unidas que trataron de averiguar por qué no ha cumplido con hacer públicos los casos de alto impacto en materia de podredumbre administrativa, tal y como él mismo lo había ofrecido.
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Al hablar del equipo que le ayuda en este asunto dijo que tiene dos abogados, una secretaria y un analista político, agregando que se apoya en el Ministerio Público para realizar sus investigaciones y que echa mano de los servicios de inteligencia civil y de inteligencia militar. Al margen de que ni el MP ni los servicios de inteligencia sirvan para un comino en esa materia, se le pasó por alto la existencia de una institución constitucional que se llama Contraloría General de Cuentas. Habló de Acción Ciudadana, organismo no gubernamental que vive de donaciones extranjeras y que limita su accionar justamente a lo que le sirve para recibir las dádivas, pero no mencionó a la Contraloría de Cuentas entre las fuentes que pueda tener para revisar la forma en que se ejecuta el gasto público.
Si es cierto lo que dijo, en el sentido de que el Presidente lo nombró para hacerse cargo de la transparencia, la verdad es que hay que sospechar gato encerrado porque si alguien conoce los alcances y las evidentes limitaciones del señor Espada es el ingeniero Colom. Y si lo nombró para que se encargue de vigilar para que no haya corrupción, a lo mejor es porque sabe que no agarra una vaca en un elevador.
El prestigio que traía el doctor Espada cuando decidió venirse de Houston para dedicarse a la política era precisamente por sus habilidades en el quirófano, sin ninguna credencial ni ejecutoria en aspectos de la realidad de un país que no conocía más que de oídas por lo que le relataban sus pacientes allá, o sus amigos y parientes cuando venía a Guatemala. Y no me cabe la menor duda que sigue siendo un buen cirujano, pero hay cosas que no entran por ósmosis y lo estamos viendo de manera más que patética.
Tan patética que en verdad siente uno esa terrible vergí¼enza ajena cuando escucha a alguien pontificar hablando literalmente puras incoherencias con una verborrea que una y otra vez cae en la casaca de que basta y sobra que sea el eminente doctor Espada el que está a cargo de la lucha contra la corrupción para que todos los guatemaltecos se puedan sentir tranquilos. Olvida, sin embargo, que él mismo ha justificado la relación con los financistas de campaña y el tráfico de influencias existente. Todo lo va a investigar, todo lo averiguará, pero cuando le preguntan, dice que él no puede acusar sin pruebas y, por supuesto, está visto que no es ningún experto en el tema porque creo yo que ni idea tiene de cómo se mueve la melcocha en el medio político nacional.