Ni el MP ni la CICIG


La ilusión de que algunas cosas en el sistema de justicia de Guatemala podrí­an cambiar con la ayuda de gente de afuera que viniera a contribuir a las investigaciones sin estar contaminada con el mal endémico de la impunidad, se desvanece con el paso de los dí­as. Hoy Siglo XXI publica el caso de los agentes de la Policí­a Nacional Civil que son sospechosos del crimen de la señora Marí­a Ortiz de Monteros y que siguen «trabajando» como si tal cosa y tienen a su disposición armas automáticas para sustituir las que les fueran decomisadas para establecer si fueron usadas en el ataque contra la referida señora.


Y dice su jefe que como no hay procedimiento en contra de ellos, no puede hacer nada más que mandarlos a patrullar, exactamente en los sitios donde ocurrió el asesinato de la señora de Monteros. Y por supuesto que no hay procedimiento contra ellos porque ni el Ministerio Público, ni la CICIG ni nadie, se han ocupado realmente del caso como no sea para ayudar a los policí­as intimidando a los familiares de la señora asesinada. Es una vergí¼enza lo que ocurre pero al fin de cuentas no constituye sino el reflejo de cómo funciona el sistema y la urgente e impostergable necesidad de impulsar cambios profundos.

En una declaración ofrecida al mismo diario matutino la semana pasada, Juan Luis Florido aceptó que el sistema protege a los delincuentes pero no vemos que ni él ni nadie hagan algo para cambiar las cosas, para revertir la situación y hacer que siquiera en casos paradigmáticos, se pueda hacer que prevalezca la justicia. Los familiares de la señora de Monteros han sido amenazados desde la misma noche en que la mataron y desde entonces son acosados por todos y, lo peor, por los mismos fiscales que debieran estar investigando a los policí­as sospechosos de haber cometido el crimen en vez de emprenderla contra las ví­ctimas.

Del Ministerio Público ya no es sorpresa que no hagan nada, pero siendo que se trata de un crimen cometido desde las estructuras de las fuerzas de seguridad, uno pensarí­a que la CICIG debiera haber actuado para marcar la diferencia entre una investigación chambona y una profesional. Sin embargo, de esa comisión lo único que los ciudadanos sabemos es cuándo y cómo se mueve su titular por el despliegue de fuerza que muestra cuando entra o sale de algún sitio y se moviliza por las calles. Porque para escarnio de quienes creí­mos en que serí­a un aporte importante, parece ser que nuevamente vinieron turistas de lujo a disfrutar de las ventajas que ofrece un paí­s donde nadie exige, nadie reclama ni nadie se enerva cuando hay casos tan graves de burla a la justicia.