Debe ser grande el desempleo en Guatemala, que varios funcionarios del actual gobierno aprovechan su posición para emplear a sus vástagos, hermanos, cuñados, sobrinos y un etcétera que podría alcanzar hasta el último lazo consanguíneo. Los advenedizos burócratas suelen ser gamonales con la familia y cumplen eso de que «el prójimo» es el «próximo» y los bendicen con su brazo protector.
Cuando se trata de hacer la apología al nepotismo los argumentos no son ni originales ni nuevos. Si se trata de defender al hijo, el buen padre asegura que el contrato se justifica dado los talentos sobrenaturales del muchacho. «Ha llegado ahí por mérito propio, dicen, sus títulos lo demuestran». Según ellos uno tendría que deducir que el heredero de la fortuna es tan «cabrón» como él mismo para ocupar el puesto. Sin embargo, lo que se concluye es que el muchachito (o la niña) es un incompetente de campeonato que ha tenido que aprovecharse de la ventaja del padre para agenciarse de un trabajo que no conseguiría por sí mismo.
Similares argumentos usa el también funcionario genio que ahora, por azares del destino, ocupa un puesto público y vive del erario nacional para defender al resto de la familia. Sólo que ahora asegura que él no los ha contratado, que se hizo un anuncio en los medios y que «casualmente» los elegidos fueron el sobrino, su hermano y el cuñado. Sin embargo, agrega fingiendo seguridad, «yo nunca intervine para que fueran contratados». Uno piensa que los flamantes empleados públicos que presentan semejantes argumentos subestiman a la población al pensar que la gente les va a creer tamaña patraña.
En lo que sí callan porque no saben qué decir es cuando se les cuestiona sobre las empresas de reciente fundación creada por los familiares. Aquí evocan a Cantinflas y se hacen bolas: «Bueno, es que yo en realidad no tengo acciones en esa empresa» o «tuve relación con ella, pero sólo inicial. Presté mi nombre, pero desde hace mucho me separé». Y una paja barata que no llega ni a Corín Tellado.
Lo más triste del caso es que ellos se creen sus historias y las justifican a fuerza de repetirse sus argumentos y de autoengañarse comunitariamente. Ya pensarán que «al fin y al cabo no somos ni los primeros ni los últimos», «todos lo han hecho, por qué ahora nos atacan», «este es un problema político», «nos atacan por envidia», «es la maldita prensa» y así no escarmientan y se vuelven más idiotas que al inicio. Una bandera más a su necedad existencial.
Lo que sí es cierto es que, para ser justo, el gobierno de Colom no ha inventado el nepotismo. La maña tiene cola y debería fundarse un museo al nepotismo político nacional. Basta recordar, para no ir muy lejos, las triquiñuelas hechas por los funcionarios del gobierno de Berger para darse cuenta que aquí no hay «pecado original». La historia del aprovechamiento del puesto para beneficiar a la familia es legendaria y no estoy seguro si algún día pueda eliminarse un hábito tan bien asentado entre nuestros políticos.
Insisto, debe ser tanto el desempleo nacional y el escaso talento de los vástagos de los políticos que, si no se aprovecha la ventaja de papá (o mamá), están prácticamente fritos en un mundo cada vez más competitivo y complicado. Desde esta óptica y, puesto que también soy padre de familia, creo en el fondo para entenderlos. Uno siempre quiere lo mejor para su familia.