Miles de nepalíes celebraron anoche la abolición de la monarquía y la proclamación de la República, acogiendo entre cánticos y bailes su transición de súbditos a ciudadanos.
Símbolo de la caída de la última monarquía hindú en el mundo, la bandera real de la dinastía de los Shah, que reinaba desde hace 240 años en el país, fue retirada del palacio de Katmandú hoy.
«Esta mañana la bandera real fue sustituida por la bandera de Nepal en el interior de palacio», indicó un representante oficial del palacio real, que prefirió guardar el anonimato.
La Asamblea constituyente, creada tras la victoria de los ex rebeldes maoístas en las elecciones del pasado 10 de abril, abolió ayer la única monarquía hindú en el mundo y proclamó la República.
En la madrugada de hoy, miles de nepalíes se reunieron en Katmandú para bailar y cantar «larga vida a la República» en las calles.
Encima de las casas se alumbraron guirnaldas de luz para celebrar el acontecimiento.
«Es el día más importante de mi vida», aseguró Rajesh Subedi, estudiante de 21 años y partidario de los maoístas, tras haber pasado todo el día a la espera de la proclamación oficial.
La sesión de la Asamblea constituyente era el punto culminante del acuerdo de paz firmado en 2006 entre los principales partidos políticos y los maoístas que puso fin a una guerra civil que en diez años dejó al menos 13 mil muertos.
A partir de ahora el rey Gynendra tiene 15 días para dejar el palacio que será transformado en museo, según una fuente oficial.
El texto votado por la asamblea constituyente estipula que Nepal se convierte así en «un estado independiente, indivisible, soberano, laico y en una república democrática».
«A partir de hoy dejan de tener validez todos los privilegios acordados al rey y a la familia real», según el texto adoptado ayer que proclama el 29 de mayo el «día de la República».
Hoy y mañana se han establecido como días festivos.
«El pueblo nepalí ha sido liberado de siglos de tradición feudal y ha abierto la puerta a una transformación social y económica radical», estimó Krishna Bahadur Mahara, portavoz de los maoístas.
El ejército nepalí, considerado durante mucho tiempo como un bastión real, aseguró por su parte que respetaría el voto de la Asamblea constituyente.
Considerado por sus partidarios como la encarnación del dios hindú Vishnou, Gyanendra subió al trono en 2001 tras el espectacular y misterioso asesinato de nueve miembros de la familia real por el príncipe heredero, aparentemente ebrio y drogado, que después se suicidó.
La impopularidad de Gyanendra alcanzó su paroxismo cuando disolvió el gobierno y se otorgó a sí mismo plenos poderes en febrero de 2005.
El golpe obligó a los principales partidos políticos a aliarse con sus enemigos de siempre, los rebeldes maoístas, y a alcanzar un acuerdo de paz en 2006, poniendo fin a una guerra civil que dejó más de 13 mil muertos.
El secretario general de la ONU Ban Ki-moon felicitó a los nepalíes que «se pronunciaron claramente por la paz y los cambios».