Negros estadounidenses vuelven al campo


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El sol del alba baña la tierra labrada. Mori Vance se agacha y recolecta alubias; después se pierde de la vista entre plantas de quingombó bastante crecidas.

Es una mañana soleada en las afueras de Fresno, California. Vance, una afroestadounidense, levanta su primera cosecha con otros negros que se han iniciado en la agricultura con la esperanza de hacerla el trabajo de sus vidas.

Por GOSIA WOZNIACKA FRESNO / Agencia AP

La organización Agricultores Afroestadounidenses de California ha abierto un huerto de prueba, de poco más de seis hectáreas (15 acres) en el que enseña cultivos y alimentación saludable, y fomenta el interés de los chicos de raza negra en la agricultura.

El proyecto es parte de una campaña a nivel nacional para reanimar el orgullo de los agricultores negros y revertir la declinación del número de haciendas propiedad de personas de color.

En Milwaukee, Atlanta y Chicago, organizaciones independientes sin fines de lucro y dirigidas por negros, entregan tierras a los afroestadounidenses para labores agropecuarias, efectúan seminarios sobre agricultura y capacitan a jóvenes en jardinerí­a.

«Muchí­simas personas negras, sus abuelos, se dedicaron a la agricultura, pero se les expulsó de esta actividad. Buscamos facilitarles el regreso», dijo Will Scott, presidente del grupo de agricultores de California. «El objetivo es que al final sean autosuficientes».

El desafí­o es grande debido a que la actividad agropecuaria tiene connotaciones negativas para muchos afroestadounidenses debido al pasado de esclavitud y aparcerí­a, pero también debido a polí­ticas gubernamentales discriminatorias relativamente recientes.

«Los agricultores afroestadounidenses fueron la espina dorsal de la agricultura de Estados Unidos», dijo John Boyd, presidente de la Asociación Nacional de Agricultores Negros.

«Pasamos de ser esclavos a aparceros. Los agricultores negros abandonaron la actividad porque nunca vieron los beneficios económicos. Lo que vieron, en cambio, fueron racismo en el sur antiguo y no querí­an eso para sus familias».

Muchos afroestadounidenses abandonaron sus granjas durante la depresión. Después de la Segunda Guerra Mundial, millones de negros emigraron en todo el paí­s debido en parte a que las autoridades les denegaron créditos agrí­colas federales y otras asistencias que se entregaban a los agricultores caucásicos de manera rutinaria, dijo Boyd. Como resultado, expresó, dijo, muchos agricultores negros perdieron sus tierras debido a embargos.

Los negros representan ahora el 1% de los agricultores y ganaderos de la nación, de acuerdo con el Departamento de Agricultura. En 1920, los negros integraban aproximadamente el 14% de los agricultores del paí­s.

En California, donde hay poco más de 80 mil haciendas, los negros tienen menos de 380, según el Censo Agrí­cola de Estados Unidos de 2007.

El gobierno federal reconoció la existencia de prejuicios raciales históricos y en 1999 zanjó una demanda colectiva en la que se le acusaba de discriminación en la entrega de créditos oficiales. El Congreso acordó en fecha reciente extender recursos por 1 mil 250 millones de dólares a los agricultores afroestadounidenses que no fueron parte del arreglo original, el cual aún precisa de la aprobación de un juez.

En la granja de Fresno, Scott intenta inculcar el orgullo del campo a sus tres agricultores principiantes.

«Se han revertido los papeles. Ustedes no son trabajadores, son dueños. Trabajan para ustedes mismos. Es placentero ver el crecimiento de los cultivos y que otras personas gocen el fruto de su trabajo», dijo durante una mañana de septiembre.

El grupo de Scott, de unos 20 agricultores en el Valle de San Joaquí­n, emprendió el huerto mediante un donativo del Departamento de Agricultura. El grupo arrendó la tierra al condado de Fresno y siembra cultivos orgánicos. Los agricultores pagan una cuota simbólica anual de 200 a 300 dólares por la utilización de la tierra, y cubren además de los gastos de la irrigación.

Scott, ingeniero retirado que se convirtió en agricultor y cuya familia emigró en 1952 de Oklahoma a California, ofrece asistencia técnica, desde la preparación de la tierra, a configuración de la superficie y eliminación de plagas. Su abuelo fue aparcero y su padre recolectaba uvas y algodón en el Valle Central de California.

Un objetivo, es la reintroducción en la comunidad negra de cultivos que eran especialidades del sur y que fueron parte de la dieta tradicional afroestadounidense en un intento para contener la epidemia de obesidad y diabetes, dijo Scott.

«El valor nutricional de estos alimentos fue pasado de generación a generación», afirmó Scott. «Nos ayudó a fortalecer nuestro sistema inmunológico, a mantenernos saludables y fuertes. Esperamos legarlo para el sustento de la próxima generación».

Para Vance, enfermera con licencia profesional desempleada desde hace un año, los beneficios de su integración a la granja se extienden a su familia y a toda la comunidad. El padre, madre y tí­a de Vance participan en la recolección de la cosecha, a la que después convierten en una comida deliciosa.

Vance también trae a sus sobrinas y sobrinos, que estudian secundaria, para que planten y cosechen. Vance distribuye sus vegetales orgánicos en dos iglesias de la zona.

«Siempre quise cosechar. Es mi momento de comunión con Dios», dijo Vance. «Cuando salgo ahí­, le hablo todo el tiempo, lo alabo. La agricultura es una forma de vida mucho más saludable».

Vance, cuyo bisabuelo fue agricultor en Arkansas, tiene intención de desarrollar un programa para enseñar a los chicos, después de que hayan ido a clases, técnicas de cultivo, cocina y vida más saludable.

Scott expresó confianza en que los niños negros tengan la capacidad de cosechar los beneficios financieros de la agricultura. «La agricultura es un sector que mueve miles de millones de dólares anuales, y nuestros jóvenes precisan que se les capacite para que puedan participar en la misma», apuntó.

Por su parte, otras organizaciones en todo Estados Unidos intentan capacitar en agricultura a los afroestadounidenses y crear empleos en el sector para los desempleados y subempleados negros, en especial los que residen en zonas urbanas.

Las iglesias de los negros han organizado mercados agropecuarios y conectan a los agricultores de color con los clientes.

En julio, diversos grupos de agricultores negros efectuaron la primera Semana Nacional de Concienciación hacia la Agricultura Negra para acercarse a los afroestadounidenses y llamar la atención al declive de la agricultura entre la comunidad negra.

El interés de la primera dama Michelle Obama en la agricultura refuerza estas acciones, dijo Michael Harris, director de la publicación trimestral Black Agriculture (Agricultura Negra), con oficinas centrales en Sacramento, California.

«Ver a la primera dama trabajar con las manos e hincada en su jardí­n es un testimonio que dice más de mil palabras», expresó Harris. «Esa imagen cambia el concepto que tiene la gente negra de la agricultura».

Sin embargo, ese cambio de panorama también necesita un cambio de polí­ticas, manifestó Harris. Los agricultores negros todaví­a carecen de acceso a oportunidades, información y asistencia financiera, apuntó.

«Todaví­a nos encontramos en la batalla contra la discriminación del siglo pasado», dijo Harris. «(Algunos) afroestadounidenses pasan hambre en la actualidad. Pero necesitamos concentrarnos en la capacitación y en un cambio de polí­ticas a fin de impulsar la creación de trabajos en la agricultura».