Negocio de calamidades


Eduardo_Villatoro

   Gracias a mi compatriota Raquel, quien reside en una ciudad norteamericana  de Nuevo México, logro enterarme de diversidad de análisis, comentarios y otra clase de informaciones y reportajes que me envía cotidianamente, al adjuntarme reportes de la agencia de noticias IPS.

   Fue por esa vía que conocí cibernéticamente a uno de los periodistas guatemaltecos más diligentes, ecuánimes y cultivados, que no se dedica a la transmisión noticiosa que yo denominaría inmediatista.

Eduardo Villatoro


No. Danilo Valladares, el corresponsal en Guatemala de IPS, como sus compañeros de la misma agencia diseminados en América Latina, se caracteriza porque generalmente el contenido de sus despachos aborda con gravedad, objetividad y documentadamente asuntos de actualidad y sin tremendismos, incluyendo origen y efectos de conflictos socioeconómicos, culturales, políticos y de similar índole, que suele manejar con profundidad, sin quedarse en la periferia.

   Adicionalmente, como los diarios impresos de Guatemala no publican las informaciones de IPS, yo suelo acudir a sus informes, sobre todo cuando, basado en entrevistas o estudios, plantean problemas tan delicados como el calentamiento global, los índices del subdesarrollo, la trata de personas, la explotación del trabajo infantil y una amplia gama de parecida naturaleza.
 
Esta extensa introducción viene al caso porque acabo de leer un reportaje que va de la mano con eventos constantes que ocurren en Guatemala y que nuevamente se actualizan con el anuncio del presidente Otto Pérez Molina de declarar estado de calamidad en distintas áreas del país, derivado de la sequía provocada por la canícula que ha causado estragos en los cultivos.
  
El despacho de Valladares lo tituló, cabalmente, “El negocio guatemalteco de las calamidades”. Con fina ironía y sin ánimo de ofender a ningún empresario, funcionario y/o político del actual y anteriores gobiernos, Danilo afirma que “En un país tan vulnerable a los desastres naturales como Guatemala, a menudo se declara el ‘estado de calamidad pública’   … para alegría y prosperidad de las empresas contratistas”, y de funcionarios del Ministerio de Comunicaciones y otros, agregaría yo.
  
Cualquier turista que visite las bellezas naturales, arqueológicas y étnicas de este país -precisa el corresponsal de IPS-, se sorprende al transitar una flamante carretera destruida cada pocos kilómetros por aluviones de rocas y lodo, y reconstruida rápidamente. El motivo de la destrucción –explica- son las avalanchas que causan las lluvias en las inestables laderas peladas de vegetación. La causa (la deforestación) no se ataca, “pero la carretera se destruye y reconstruye una y otra vez”.
  
Según el activista Guido Calderón, de Convergencia Ciudadana para la Gestión de Riesgos, “La construcción de carreteras, junto con la distribución de alimentos forma parte de los grandes negocios de los desastres”, porque al decretarse el estado de calamidad es pretexto para que altos funcionarios públicos contraten por excepción la construcción de puentes y carreteras, de mala calidad y sobrevalorados, así como la compra de medicinas y alimentos, que a menudo han vencido su período de consumo o se pudren en abandonadas bodegas, cuando no se venden dolosamente..
  
Valladares cita ejemplos, como la compra de 149 mil vacunas a una empresa farmacéutica por un monto equivalente a 3.2 millones de dólares, 68 % más costosa que la oferta de la Organización Panamericana de la Salud.
  
Sólo es un caso de los múltiples que menciona, ante la supuesta ignorancia del ministro de Salud, Jorge Villavicencio, con antecedentes dudosos, sobresaliendo 22 reparos por traslado irregular de suministros y dos denuncias penales.
 
(Cierto funcionario de Salud está sentado en el parque y el shute de Romualdo Tishudo pregunta:-¿Qué hace? El burócrata replica: -Aquí, robándole unos rayitos al Sol. Mi amigo repone: –Como siempre, aprovechándose de cualquier momento ¿No?).