Negociadores tratan de superar tensiones por propuesta danesa


El grupo ambientalista Greenpeace mantiene una constante actividad para presionar a las autoridades que acuden a la cumbre de Copenhague, como este mensaje que le enví­an a Obama, escrito sobre la nieve del aeropuerto de Oslo. FOTO LA HORA: AFP GREENPEACE

Los negociadores de un nuevo acuerdo mundial de lucha contra el cambio climático se esforzaban hoy en Copenhague por superar las tensiones generadas la ví­spera por una propuesta danesa que indignó a los paí­ses en desarrollo.


«No tenemos que centrarnos (en esta propuesta). No tiene ninguna relevancia», declaró Dessima Williams, representante de la Asociación de Pequeños Estados Insulares, altamente vulnerables a los efectos del calentamiento global.

«Tenemos que seguir avanzando (en la negociación), necesitamos un acuerdo jurí­dicamente vinculante que preserve al planeta y proteja a los más vulnerables. Esa es nuestra misión, todo lo demás son distracciones», agregó.

Un borrador de trabajo elaborado por la presidencia danesa de la conferencia, en poder de varias delegaciones desde hací­a dos semanas, comenzó a circular ayer por los pasillos de la reunión, provocando la indignación de los paí­ses en ví­as de desarrollo, las organizaciones ecologistas y los defensores de la ayuda internacional.

«Ha provocado un gran disgusto, pero esperamos que la tormenta se calme y podamos volver al trabajo», declaró un responsable europeo que pidió el anonimato.

La conferencia bajo égida de la ONU, que debe culminar el 18 de diciembre con la participación de más de 110 jefes de Estado y de Gobierno, estaba sólo en su segundo dí­a de trabajo cuando estalló la controversia.

El borrador propuesto por Dinamarca es «una seria violación que amenaza el éxito del proceso de negociación de Copenhague», afirmó Lumumba Stanislas Dia Ping, jefe de la delegación de Sudán, que lidera el G77, bloque que reúne a unos 130 paí­ses en ví­as de desarrollo.

Pero los paí­ses pobres no tienen la intención de boicotear las conversaciones, precisó.

«Los miembros del G77 no abandonarán la negociación en este estadio tan avanzado porque no podemos permitirnos un fracaso en Copenhague», declaró a los periodistas.

«Sin embargo, no firmaremos un acuerdo injusto. No podemos aceptar un acuerdo que condena al 80% de la población mundial a más sufrimientos e injusticias», agregó.

El máximo responsable de la ONU sobre cambio climático, Yvo de Boer, y la propia Dinamarca trataron de calmar los ánimos, insistiendo en que el borrador era una propuesta informal y sólo destinada a sondear la opinión de las diferentes partes.

El documento en cuestión no hace ninguna referencia al Protocolo de Kioto, único instrumento jurí­dico que existe actualmente para luchar contra el calentamiento y al que los paí­ses en desarrollo tienen especial apego, porque impone obligaciones a los paí­ses ricos al tiempo que protege a los pobres.

Por otra parte, el texto danés recomienda un techo máximo de emisiones para los paí­ses en desarrollo -no precisado-, punto al que Brasil, China, India y Sudáfrica ya se habí­an opuesto de forma firme y colectiva en una reunión a finales de noviembre en Pekí­n.

En cuanto a la financiación por los paí­ses industrializados de las medidas necesarias en los paí­ses en desarrollo, principal escollo de la negociación, el documento sugiere una ayuda inmediata de 10.000 millones de dólares anuales hasta 2012, y para después sólo habla de «recursos financieros substanciales».

Con sequí­as, inundaciones, epidemias y penuria alimentaria, el calentamiento global tendrá un alto coste para los paí­ses más pobres, que son los más vulnerables y los menos responsables de la emisión de gases de efecto invernadero.

Según un estudio reciente del Instituto de Investigaciones Económicas Aplicadas de Brasil (IPEA), ese paí­s podrí­a perder unos 2,05 billones de dólares de su PIB hasta 2050 a consecuencia del cambio climático. Los sectores más afectados, destaca el informe, serí­an el agrí­cola y el energético, principalmente por la modificación de los regí­menes de lluvias.