Comprendo que privan graves conflictos socioeconómicos como para enfocar un asunto aparentemente irrelevante. Inicialmente no deseaba abordar el asunto, porque ignoraba las causas que provocaron este embarazoso caso; pero la semana anterior me encontré con mi amigo Aníbal, mediano empresario de transporte pesado y quien, entre sus unidades, tiene una camioneta que él conduce para movilizar niños de un colegio.
Al conversar me contó que al caer la noche del Viernes de Dolores, cuando retornaba de Xetulul con un grupo de infantes que no rebasan los 12 años de edad, dilató cuatro horas para transitar alrededor de 30 kilómetros en la carretera del Pacífico. “Pobres los niños, vos –me dijo-; imagináte cómo estaban de desesperados y angustiados. Sin una botella de agua para beber, porque estábamos en medio de la oscuridad con árboles de uno y otro lado”; y siguió relatándome su experiencia.
Al día siguiente de esta charla fui a mi consulta rutinaria con el médico. Conversamos acerca del asueto de la Semana Santa y en un momento dado me dijo: “¡Viera de lo que nos salvamos con mi esposa el Viernes de Dolores! Si llego unos 10 minutos más tarde al punto donde estaban pintando un ‘Paso de Cebra’ nos quedamos atrapados en la carretera, cuando íbamos hacia Tapachula”.
Entonces pude establecer –si es que algún ocupado funcionario no me desmiente- la causa que provocó que del kilómetro 112 de esa ruta, a inmediaciones de Cocales, al kilómetro 140, próximo a un puesto de cuarentena de frutas, nos demoramos con mi mujer y mi hija aproximadamente 3 horas y media.
Al principio pensamos que había ocurrido un accidente, que un camión cañero se habría quedado descompuesto en el centro de la carretera o que era un plantón de protesta; pero no fue así, por lo que me contó el doctor Morales. El caso es que durante ese tiempo y el agobiante recorrido a vuelta de rueda, por minutos, y detenida la marcha, por completo, no apareció ni por encanto un infeliz policía, algún inútil agente de tránsito, cualquier ocioso empleado de Covial, un par de soldados perdidos en el asfalto y ni un abandonado bombero recolectando dinero.
Lo único que vimos y que pensamos ingenuamente que sería la solución al desmesurado atasco de sepa usted cuántos kilómetros de extensión, fue una autopatrulla que circuló en el carril inverso con las luces de emergencia, al igual que muchos imprudentes e ignorantes energúmenos, especialmente choferes de camionetas extraurbanas, que dispusieron salirse del carril y se encaminaron contra la vía, provocando así nudos de vehículos al toparse con automotores que transitaban en sentido contrario.
Y todo porque sepa OPM quiénes dispusieron pintar abusivamente un paso de cebra al iniciarse la tarde y en los dos carriles a la vez, ante la incompetencia, lenidad y negligencia de autoridades de los ministerios de Comunicaciones y de Gobernación, especialmente de Covial y de la PNC.
(El conductor Romualdo Tishudo exclama: -¡Ah, pero el ministro Castillo Sinibaldi se “enorgullece” de haber “terminado y no sólo principiado la construcción” de un puente! ¡Qué heroica e insólita hazaña!).