NEGAR LA POBREZA ES QUERER TAPAR EL SOL CON EL DEDO


El presidente Berger podrí­a ser un excelente pintor surrealista si pintara la realidad de la verdadera Guatemala con sus brutales contrastes entre los que poseemos algo o mucho y las mayorí­as que nada poseen.

Mario Castejón

En su discurso anual ante la ONU como despedida, habló de una Guatemala inexistente, ilusoria, propia de sueños. Casi habló del Paí­s de las Maravillas en donde todo es perfecto, así­ su Gobierno reducí­a a grandes pasos la brecha entre ricos y pobres, la felicidad se pintaba en los rostros de la gente y los salarios alcanzaban para llenar las necesidades básicas de las grandes mayorí­as. Sólo de pasada mencionó que la violencia era un mal existente debido al control que «los malos» tení­an sobre las Organizaciones del Estado pero que con el apoyo de «los buenos» las cosas cambiarí­an.

Desaprovechó el señor Berger utilizar aquella plataforma en lí­nea propositiva y no desperdiciar ese tiempo valioso en pintar irrealidades asociadas a un panorama inexistente de logros personales.

Recuerdo que cuando hace poco tiempo se informó de nuevos casos de niños desnutridos, producto de la hambruna crónica en el Oriente de la República , hizo una declaración restándole importancia diciendo que eran pocos niños y que el problema estaba siendo controlado. Qué pena, hablamos de Guatemala un paí­s con un millón de niños en riesgo por carencias nutricionales o dicho con palabras duras, que padecen hambre.

El Diario La Hora este miércoles 10 muestra en su portada al presidente Berger cuando dice: «Pese a la pobreza se viaja y se compran carros». El señor Berger con esa contundente declaración se justifica ante la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida presentada por el Instituto Nacional de Estadí­stica INE en donde se señala que las lí­neas de pobreza aumentaron desde el año 2002.

El Presidente no pudo menos que aceptar que existe un incremento en el costo de la vida, pero terminó justificándolo al decir: «No he visto carros que se dejen de comprar, los aviones siguen llenos, los restaurantes igual y la capacidad económica de las personas para comprar vivienda ha roto todas las estadí­sticas».

El informe del Instituto Nacional de Estadí­stica sobre la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida señala que las condiciones de pobreza extrema en todo el paí­s siendo ya elevadas casi no variaron, pero en el nororiente aumentaron dramáticamente en algunos departamentos.

En Zacapa, la pobreza general se creció de 42% en 2002 a 54% en 2006 y la pobreza extrema de 7 a 18.9% en dicho perí­odo. En Izabal donde vivo hace 12 años la pobreza general subió del 47.9 en 2002 a 51% en 2006 y la pobreza extrema se lanzó abruptamente del 8.2 al 18.3%. En Chiquimula la pobreza general aumento del 56 al 59.5 y la pobreza extrema de 13 a 27%.

Por vivir en aquella región desde hace 12 años y tratar a diario con gente pobre puedo dar fe de ello, a los incluidos en esos niveles de pobreza no les alcanza lo que ingresan ni para comer, menos para pensar en comprar carros o subirse en aviones, ir a restaurantes o comprar su propia vivienda. , o sea que a los que se refiere don í“scar Berger es a las clases acomodadas y millonarios que son una minorí­a en la verdadera Guatemala.

Los de la mayorí­a, los pobres de la encuesta, se mueven de a pie por caminos de herradura, los aviones los ven cruzar por el cielo, los restaurantes los conocen de la puerta para afuera y con suerte en dí­as grandes un plato de mercado antes de regresar a sus viviendas, chozas sin pisos, sin electricidad, ni agua corriente.

Ante la prensa el Presidente declaró que: «Los indicadores de inflación se encuentran dentro de un nivel aceptable», el problema en relación a su declaración, es que el hambre mata el cuerpo y el espí­ritu dí­a a dí­a, aunque sea producto de una inflación aceptable mientras las cifras son simples números que no hacen el milagro de llenar el estómago como el maná caí­do del cielo.

Termino recordando una coplita de Yupanki, el cantor de los caminos que dice: «No sé si otro habrá rodado todo lo que he rodado yo, mas le juro créamelo, que he visto tanta pobreza que hasta pensé con tristeza ’Dios por aquí­ no pasó».