Cada persona observa distintas necesidades dentro de su vida cotidiana, las de resolución prioritaria habrá de ser la de las necesidades básicas (tales como la alimentación, vivienda, vestido, seguridad). Pero la consideración y la respuesta, a las otras, las que no se consideran en primer orden. Nos dicen mucho de cómo son las personas y el proceso de respuesta ante las mismas, nos permite observar un aliento y un sentido de satisfacción a la vida.
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Es casi imposible considerar que una persona pueda estar dispuesta a resolver cualquier otra situación antes de resolver su hambre. Pero sí solamente nos es posible enfocarnos en las carencias vitales. Esto puede significar, que en la vida la estamos pasando mal, y por ende, únicamente nos estamos dedicando a sobrevivirla.
Nos es difícil diferenciar entre lo que realmente necesitamos y lo que deseamos. Habrá personas que consideren necesitar tener el último modelo de carro, de teléfono celular, una mejor vivienda, lujos y suntuosidades. Pero esto, déjeme decirles, no son elementos básicos para la vida. Por lo tanto, no son necesidades en el sentido estricto de la palabra. Ya que ellas han surgido de una manera artificial, a través, de bombardeos consumistas y de competencias sin sentido. Estás últimas, de manera probable, tienen la finalidad de establecer un status, mostrarnos al mundo sin pobreza y tal vez de esta forma congraciarnos con la aceptación y/o admiración de las demás personas.
Cuando nos encontramos centrados en los demás, en lo que dirán y pensaran. Nos olvidamos de lo más importante para nosotros mismos, que es, el nosotros mismos. Se deja por un lado la autenticidad y con ello nos vamos perdiendo de sí, nos vamos desmoronando poco a poco. Hasta que un día nos peguntamos: ¿Quién soy?, ¿Quién realmente quiero ser? Y ¿Qué cosas son verdaderamente importantes en la vida? En ocasiones, estos cuestionamientos tardan mucho en llegar.
Por ello, pensamos que tal vez nos encontramos viviendo de manera equivocada. Porque no hemos alcanzado las cosas materiales y la aceptación social que hemos deseado. Pero, otras veces, aún obteniendo los alcances planificados tampoco encontramos la felicidad como meta y también nos podemos preguntar ¿Qué es lo que pasa?
La pobreza da dolor, pero no únicamente la material, sino que, también la pobreza espiritual. El ser humano ha de trabajar con esmero para solventar esta última. Para ello es necesario; ser auténtico, corriendo el riesgo de disgustar a los demás, aunar lazos fraternos con otras personas, degustar de lo insípido e insalubre, así como, de los manjares. Con el fin de conocer las diferencias. Mantener y agudizar nuestras percepciones de manera abierta. De tal modo, que todos nuestros sentidos, la vista, el olfato, el tacto, oído, gusto, intuición y propiocepción nos ayuden a observar y sentir el mundo con una existencia intensa.
Descuidar el miedo a sentir, sentir hasta que nos duela, pero también hasta el placer. Considerarnos más que observadores de la vida, e intervenir de manera activa en ésta. Utilizar nuestro pensamiento de manera crítica y reflexiva. Hacernos cargo de nuestras ideas y de las consecuencias de nuestros actos. Creer y tener fe, no sólo en un Dios o un sistema de credo. Sino que dar los primeros pasos teniendo fe en nosotros mismos y en las demás personas. Me cuesta trabajo comprender, cómo se puede hablar de creer en Dios o en un sistema específico de doctrina. Cuando se ha obviado la fe para sí y para los demás.
En resumen, como lo ha planteado Maslow, todos tenemos necesidades en la vida. Unas que resolver antes que otras. Pero todas importantes para el bien vivir. En momentos actuales, muchas veces nos es difícil apreciar que en perentorio. Nos cuesta hallarnos y hallar las situaciones de una manera auténtica. El ser uno mismo y misma, como que está fuera de moda, y por ello no es visto como una insuficiencia.