Acertado el refrán: “Piensa mal y acertarás” porque según mi parecer todo lo que había pensado sobre el informe presidencial de su primer año de gobierno no cambió nada. Me refiero al discurso que leyó en el Palacio Nacional no al pronunciado en la Zona 18, porque este fue uno más de tantos empleados en la campaña electoral iniciada hace ocho años.
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A falta de positivos resultados no le quedó otro camino a nuestro Presidente que rellenarlo con afirmaciones que a todas luces fueron sobredimensionadas, al igual que se dieron los resultados de una encuesta publicada en un medio de prensa escrita el mismo día 14 de enero 2013, sumándole las promesas de siempre revestidas con el título de “metas” para el presente año.
En mi columna del martes pasado pregunté: ¿Qué va a decir el General Pérez Molina sobre su combate a la corrupción? Y salió con la misma cantaleta empezada por doña Roxana calificándola de un “monstruo de mil cabezas” que les impidió cumplir sus promesas. ¿Será entonces que seguiremos sin despejar la duda durante todo el 2013?, ¿va a permitir que el Congreso siga engavetando las leyes de transparencia que buscan mejorar la calidad del gasto gubernamental?, ¿continuarán aplicando normas que la propician, como aquellas relativas a presupuestos, compras y contrataciones, probidad, responsabilidad de funcionarios, los apestosos fideicomisos, la evaluación correcta de la gestión pública y continuará en completa impunidad el negocio de la Portuaria Quetzal?
Pido disculpas a los lectores por no unirme al grupo de quienes exhiben aires esperanzadores porque este año sea de realizaciones, que lo que sembraron el pasado se va a cosechar en el presente pero ¿se habrán preguntado si realmente existió tal siembra para combatir la corrupción o todo se les fue en hacer mucha bulla? Esta es la pregunta clave porque si es así, la población debiera seguir empeñada en fiscalizar que los actos de nuestras autoridades se ciñan a la honestidad y transparencia, porque ya llevamos mucho tiempo de estar oyendo solo promesas y porque a la hora de recopilar sus datos solo provocan que las encuestas aseguren contar con un 70 por ciento de aprobación.
Para mí que el General Pérez y sus colaboradores debieran armarse de filosos machetes para cortarle a diario las cabezas al monstruo si no quiere que al pueblo se le agote la paciencia, pues a pesar de ser tan aguantador, no debe olvidarse el refrán que reza: “no hay mal que dure cien años ni pueblo que los aguante”. Durante todo un año Señor Presidente, si es que se dejaron caer semillas de confianza y credibilidad, fue en terrenos áridos o improductivos en vez del fértil e indispensable para que su gobierno pueda decir con la frente en alto y la vista al frente que su trabajo ha sido hecho con honestidad y transparencia, solo así podrá tener buena cosecha.