En las ciencias políticas y sociales, en el Derecho Constitucional y Privado, en las relaciones internacionales, la nacionalidad es un concepto de gran importancia. Ningún país sería real y efectivo si quienes lo habitan no tuvieran la nacionalidad que les permite ser personas con derechos y obligaciones, provenientes de su pertenencia a ese país o territorio.
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Hay dos corrientes que inspiran y nutren la nacionalidad. El derecho de sangre o «Ius Sanguini» y el derecho proveniente de la tierra o «Ius Soli». El derecho de sangre se aplica en la mayoría de las legislaciones de países europeos que la otorgan al recién nacido como consecuencia de la nacionalidad del padre o madre, independientemente del lugar donde se produzca el nacimiento.
El derecho de la tierra se aplica en la mayoría de los países americanos. El recién nacido obtiene la nacionalidad del país donde se ha producido su nacimiento sin importar la nacionalidad de sus progenitores.
La Constitución de Guatemala establece: «son nacionales de origen los guatemaltecos nacidos en el territorio de la República de Guatemala, naves y aeronaves guatemaltecas y los hijos de padre o madre guatemaltecos nacidos en el extranjero», adoptando con esta redacción ambas corrientes.
Además de la nacionalidad de origen existe nacionalidad por naturalización, proceso voluntario por el que mediante la observancia y respeto de las normas que establecen los países, permite a la persona elegir, optar por una nacionalidad distinta a la que tenía. Muchos países aceptan la existencia de doble nacionalidad.Â
El tema recientemente ha cobrado notoriedad y vigencia, especialmente en países como Estados Unidos de Norteamérica, donde la inmigración hace que distritos, estados, la nación en sí vean cómo la nacionalidad adquirida va transformando el grupo de electores, haciendo que las correlaciones y fuerzas políticas cambien.
A medida que el tema de la inmigración cobra mayor vigencia, obliga a tomar decisiones al respecto. Hay personas en el Senado, en el Congreso o en la dirigencia política que se atreven a considerar conveniente modificar la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica y así poder vedar de la nacionalidad norteamericana a aquellos niños que nazcan en territorio norteamericano sin que sus padres sean residentes legales en el país, olvidándose que la gran mayoría de los que hoy son ciudadanos norteamericanos, talvez sus antepasados, padres y abuelos, no hubieran podido inmigrar si las leyes que hubieran regido cuando lo hicieron fueran las que actualmente rigen para efectos de migración. Su comportamiento se vuelve tan radical que llegan al extremo de pensar en hacer retroceder los criterios que la Carta Magna de ese país contiene.
Los guatemaltecos de origen y sus hijos que cuentan con la nacionalidad norteamericana deberían meditar seriamente si los políticos y los partidos a los que pertenecen esos políticos merecen su respeto, merecen su confianza, que mejor manera de hacerlo que concurriendo a votar en las próximas elecciones y con su sufragio sancionar y rechazar a quienes pretenden cercenar la ciudadanía que conforme a las leyes les pertenecen legítimamente a ellos y a sus descendientes.                Â
Continuará.
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¡El territorio de Belice es parte de Guatemala! NO A LA CONSULTA.