En la maternidad del hospital universitario de Puerto Príncipe, el mayor sanatorio de Haití, las madres y los recién nacidos a menudo van a parar al pasillo: a falta de lugar y de medios, las embarazadas y los bebés son las víctimas.
Cada día, la enfermera jefa, Marlene Dejean, termina su gira de inspección con la misma sensación: la impotencia por la congestión que ve en la recepción. «Estoy desolada pero no puedo hacer nada», lamenta.
Todos los días, mujeres embarazadas llegan por decenas y no hay suficiente espacio para recibirlas de una forma más digna.
Para algunas pacientes la espera es muy larga, otras paren en una calurosa sala de operaciones, no climatizada.
Echada sobre una camilla, con el suero goteándole en el brazo derecho y su bebé en el izquierdo, Edmond acaba de dar a luz pero no tiene cama. Ella y su recién nacido se quedarán en el pasillo, expuestas a los mosquitos y los fuertes olores a cloro y desinfectante de la maternidad.
En otros corredores del hospital, mujeres, a veces retorciéndose de dolor, esperan una cama.
«Disponemos de 115 camas, 85 están ocupadas, otras no tienen colchón, entonces ubicamos a estas mujeres en las camillas a la espera de encontrarles un lugar», explica la enfermera Dejean.
Responsable de la maternidad, esta enfermera enumera la serie de problemas del hospital: «El bloque operatorio no está climatizado, el esterilizador y el aparato de sonografía están dañados desde hace un año, faltan materiales de trabajo».
«El personal de enfermería es insuficiente. Nos falta de todo. Con una enfermera para 22 pacientes, estamos desbordadas», deplora Toussaint, asistente de Dejean. En total la maternidad tiene 27 enfermeras.
«Los materiales que nos envían otros países son robados o saboteados. Entonces los equipos modernos (que recibimos) y que podrían ayudar a mejorar las condiciones de trabajo de los médicos, se quedan en las cajas», indicó el director general del hospital, Jean Ronald Cornelly.
Se lamenta del pobre presupuesto mensual de 12 millones de gourdes (300.000 dólares) asignados al hospital. «El 80% del presupuesto va a los salarios. Sólo queda un 20% para el funcionamiento».
«Ausentismo del personal médico y de auxiliares que ya son insuficientes, insalubridad en un hospital infestado de ratas, vehículos averiados abandonados, morgues no refrigeradas»: la lista de problemas es larga, reconoció el ministro de Salud, Robert Auguste, en ocasión de una visita sorpresiva.