En la violenta favela carioca Vigario Geral, miles de jóvenes encuentran en la música la oportunidad de escaparle a las drogas, un mundo a las que generalmente son condenados por ese entorno de miseria.
A casi 15 años de su creación, la banda de hip-hop Afro Reggae es con sus proyectos comunitarios, la esperanza para que miles de brasileños eviten quedar atrapados por el narcotráfico y subempleo, dos flagelos que se nutren de la pobreza que impera en ese suburbio de Rio de Janeiro.
«Afro Reggae fue fundada por tipos que estaban totalmente destruidos», dijo a la AFP uno de ellos, José Junior. «Y funciona», añadió.
«La idea es crear ídolos para jóvenes narcotraficantes», señaló. El fútbol, pasaje de escape a la pobreza para unos pocos afortunados, está «fuera del alcance» de la mayoría de los residentes de Vigario Geral.
Actualmente, Afro Reggae tiene dos discos grabados, uno editado con Universal Studios en 1998 y otro con Warner en 2006.
En febrero del año pasado, fueron elegidos como teloneros de los Rolling Stones, lo que les permitió tocar ante los 1,3 millones de fanáticos congregados en la playa de Copacabana para ver a la legendaria banda británica.
Más importante aún para ese mundo de miseria, Afro Reggae ha dado origen a siete grupos musicales de entusiastas niños y jóvenes, cinco de los cuales son bandas de percusión que utilizan tanques reciclados como instrumentos, como en el caso de Afro Lata.
Otra, Akoni, es una banda femenina de danza y percusión.
Afro Reggae comenzó como un grupo pequeño, que llevó a sus músicos a formar otros, como los Afro Samba, una banda de percusión liderada por Raquel Melo Gomes, de 19 años.
Gomes se muestra agradecida con la música por no darle tiempo a deprimirse por el diminuto apartamento de dos dormitorios que comparte con cuatro hermanos, su madre, su padrastro y otros tres familiares.
«Cada vez que pienso que puedo llegar a tener un tiempo libre, de golpe ¡hay que ensayar para otro concierto! ¡No da el tiempo!», exclama esta joven, que cursa su primer año en la universidad, mientras estudia teoría musical, percusión, batería, danza y canto en un centro cultural de Afro Reggae.
El grupo empezó con un pequeño boletín que, con el mensaje «combatiendo la violencia a través de la cultura», invitaba a la gente a tomar lecciones de música, danza y capoeira, una disciplina afrobrasileña que combina la danza con las artes marciales.
Hoy el boletín se convirtió en una revista y el grupo cultural tiene 70 proyectos funcionando en cuatro favelas.
Con las recaudaciones de conciertos y las ventas de camisetas y discos, el grupo inauguró en noviembre un centro de computación en la favela Parada de Lucas con máquinas donadas por Hewlett Packard, donde los niños son alentados a ir a la escuela, pero no obligados.
El centro también alberga un proyecto de radio por internet de la ONG británica RadioActive y la BBC, en el que desde abril los jóvenes aprenden a producir y emitir sus propios programas a través de la red Afro Reggae Digital.
También hay una sala para asesoramiento social y psicológico.
«Trabajamos con las familias y con la comunidad. El objetivo no es rellenar formularios», aseguró la asistente social Claudia Augusto, una ex funcionaria.