Carmen Palmieri Sarg
Nuestro querido e inolvidable amigo, Jorge Saavedra Almeida, se adelantó en el camino que todos llevaremos. Tal y como él fue siempre, prudente y discreto, su partida fue silenciosa y pronta. Se fue a las 15:35 horas del martes 2 de octubre recién pasado, Día de los íngeles Custodios, en la ciudad de Santiago de Chile, a donde volvió a vivir con su familia, ¡después de más de treinta años!
Jorge nació el 7 de julio de 1923 en San Fernando, al sur d eSantiago. Salió de su amado Chile buscando neuvos horizontes, en los años 70. Esta búsqueda lo trajo hasta Centro América, habiéndose radicado por un tiempo en Nicaragua. Llegó a Guatemala con ansias de hacer muchas cosas novedosas, entre ellas, que pasión, la poesía, fuera aceptada y disfrutada a través de sus maravillosas interpretaciones.
Durante décadas estuvo brindándonos su arte -que esto era- en recitales, reuniiones privadas o en las presentaciones anuales que llevaba a cabo para celebrar su nacimiento. Cada celebración daba inicio a las 7 horas con siete minutos y siete segundos del día 7 del mes séptimo. Las presentaciones, llamadas «Siete musas guatemaltecas» y después transformadas en «Siete musas centroamericanas», presentaba obras de siete mujeres que escribieran poesía. Tuvo en ellos a enormes figuras -com Angelina Acuña- y a muchas más, desconocidas hasta el momento en que él se tomó el trabajo de buscarlas y ofrecer sus obras -desconocidas o no- magnificadas a través de su interpretación magistral.
Guatemalteco de corazón, fue amigo sincero, hombre trabajador y artista consumado. Nada ni nadie podrá ocupar el lugar que ha dejado en este mundo, aparentemente frío, pero que vuelve a vibrar cuando se vive a través de la poesía. Su amada poesía.
Fue una magnífica oportunidad habernos cruzado en su camino y disfrutar de sus grandiosas interpretaciones. Presentamos nuestras sinceras muestras de condolencia a sus hijas, Angélica y Paulina, amigas queridas.
¡Hasta la vista, Jorge!