El Muralismo es un movimiento pictórico que conjuga, al lado de los postulados estéticos, contenidos literarios, artísticos e intelectuales que, juntos con postulados ideológicos, consolidarán el clima cultural del México revolucionario y posrevolucionario de principios del siglo pasado.


En efecto, el Muralismo es una corriente pictórica que no solo propone un cuestionamiento de la tradición pictórica occidental, sino también un ejercicio artístico de experimentación estética en la que el artista, a causa de sus principios ideológicos, busca socializar la obra de arte en su conjunto. Y el Muralismo, en América Latina, es un movimiento pictórico puramente mexicano que surge en la escena artística de principios del siglo pasado. Hay una vertiente guatemalteca, con Carlos Mérida, pero que, al final, éste hace parte del conjunto del muralismo mexicano. El Muralismo se impondrá como movimiento artístico de vanguardia a causa tanto de las dimensiones físicas de los murales como de la influencia de lo político e ideológico en los temas representados.
ORÍGENES
Es evidente que el Muralismo es, a todas luces, el producto de una larga tradición artística que va desde las artes populares hasta la reflexión estética de orden académico. Pero la representación pictórica mural romperá con la tradición clásica. Y el Muralismo se inspirará del vasto y prolijo universo de las artes, tradiciones y, folclor popular del pueblo mexicano. Soy del parecer que los orígenes del Muralismo pueden, históricamente, basarse en, como mínimo, tres períodos de la historia de México.
El primer origen lo detectamos en la época prehispánica, en las manifestaciones artísticas de la civilización indígena que existía antes de la llegada de los españoles a México. En este período prehispánico el arte mural se cultiva y es una forma de expresión artística muy común de los indígenas mexicanos. El mural tenía una función puramente decorativa y se encontraba en los muros de los templos religiosos y palacios de los monarcas. Aquí el mural era un elemento puramente de orden público y no un objeto con un valor privado. Ejemplos de antiguas ciudades con murales prehispánicos son Bonampak, Teotihuacan y Chichen Itza. La representación mural muestra a las divinidades –Quetzalcoalt, Tlaloc y Chac-; a las fuerzas naturales –el sol, la luna, Venus, etc.-; a los gobernantes –reyes, caciques y hechos importantes- y símbolos culturales –el jaguar, el maíz, la muerte, etcétera.
El segundo origen lo encontramos en la época colonial. Los colonos religiosos, los curas crearon las primeras Escuelas de Indios en las que los indígenas, aparte de ser cristianizados, también aprendían el arte de la pintura. Aquí, con el trabajo artístico tanto de íberos como de americanos, el Muralismo se desarrolla y sirve para ornamentar tanto los conventos como las casas parroquiales. Pero también es común la utilización de grandes retablos. Mucho de estos murales desaparecieron, pero tenemos conocimiento de su existencia gracias a los escritos de los cronistas. Los murales representaban escenas religiosas y de misioneros propagando el credo cristiano. Entre paréntesis, habría que anotar que con el surgimiento del Barroco el arte mural será, paulatinamente, marginado.
El tercer origen del Muralismo lo vemos en el acontecimiento político de envergadura que marcará –hasta nuestros días- la historia venidera del pueblo mexicano: la Revolución de 1910. Este es el momento del inicio del fin de la dictadura de Porfirio Días quien a través de grandes latifundios y gobierno de privilegios mantenía al pueblo mexicano hundido en la miseria, la ignorancia y el atraso. El mismo Siqueiros –líder del Muralismo- confiesa su compromiso con las causas revolucionarias: En 1911, la huelga nos acercó al pueblo. La conspiración nos entregó sus primeras doctrinas, el Ejército revolucionario en sus operaciones por el país nos dio la geografía de México, la etnografía de México, la arqueología de México y, lo fundamental, al hombre de México“.
LO POLÍTICO
El Muralismo es un arte extremadamente politizado en el que tanto la ideología del artista como sus expectativas políticas sobresalen en primer plano. O sea, la obra de arte, el mural, revela -sin ambages- el compromiso ideológico del artista. Y no está por demás anotar que dicho compromiso político es un compromiso consciente y no fortuito u oportunista. La pintura mural es, pues, de tendencia puramente social. Esto explica el hecho que la mayor parte de obras murales fueron realizadas en edificios públicos como escuelas, sedes de sindicatos y universidades.
Otro hecho interesante del Muralismo, en cuanto a lo político, es que los pintores muralistas publicaron un Manifiesto Muralista en el que afirmaban su clara intención de socializar el arte y destruir el individualismo burgués. Lo que significa un claro repudio de la pintura de caballete, la que consideran extremadamente individualista. Por lo que los pintores muralistas insistirán en producir, únicamente, obras monumentales y públicas para que la masa las vea, aprenda y se eduque.
REPRESENTANTES
Como es de suponer la mayoría de representantes del Muralismo son mexicanos, a excepción de Carlos Mérida, quien era de origen guatemalteco y Jean Charlot, quien era francés. Pero son Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros las tres figuras famosas y reconocidas como fundadores del Muralismo mexicano.
Diego Rivera
La razón por la cual hemos elegido a Diego Rivera, quien nació en 1886, como ejemplo clásico del Muralismo es no solo por cuestiones de espacio, sino a causa de su importancia en el desarrollo de la pintura y de la historia del Arte en América Latina. Y una de las primeras características que observamos en Rivera es que –como en Pablo Neruda- a causa de sus opiniones políticas –de orden comunista- el pintor se ha ganado tanto el respeto de sus admiradores como el rechazo de sus críticos; los unos lo enaltecen pero otros lo difaman.
Los mitos y leyendas son, como es común en las grandes figuras de la historia, estampas pegadas a la personalidad y biografía del pintor mexicano. Revolucionario, comunista, bohemio, mujeriego, pedante, posesivo, machista, dogmático y revisionista, Diego Rivera fue, seguramente un poco de todo eso.
Pero, al menos, de una cosas estamos seguros: Rivera fue un individuo con muchas cualidades humanas, alguien que exploró las variadas esferas del hacer artístico. Pues, aparte de pintor, fue también ilustrador de libros, grafista, escultor, arquitecto, diseñador de vestuarios y escenografías teatrales. Pero también uno de los primeros coleccionistas de arte precolombino mexicano. Esto último explica su admiración por el arte popular que, posteriormente, reflejarán algunas de sus obras pictóricas.
Es importante anotar, fiel lector-a, que previo a la inmersión de Rivera en la pintura mural, el artista tiene dos etapas artísticas en las que, primero, sobresalen la técnica puramente clásica de la pintura de caballete. Esto fue el producto –como en tantos otros pintores latinoamericanos- de su temprana fuga hacia Europa. Pues con apenas 20 años Rivera se fue a España donde terminará su formación académica y producirá una obra pictórica inspirada pos los pintores clásicos españoles, particularmente Goya y El Greco. A este periodo pertenecen lienzos con paisajes mexicanos y europeos pero también muchos retratos. Es el periodo del claro oscuro.
Luego tenemos el periodo cubista que es el producto de su amistad con Juan Gris y Pablo Picasso. Aquí Rivera utilizará tanto la técnica del colage como la composición de colores pigmentados con arena y algunas otras substancias que contribuirán a acentuar las formas y dimensiones de los objetos representados. Es posible afirmar que el periodo cubista inicia al rededor de 1914, que es la fecha cuando Rivera presenta veinticinco cuadros cubistas en la galería Berthe Weill. A este periodo pertenecen cuadros bellísimos como el Paisaje zapatista-El guerrillero; Marinero almorzando y, entre otros, Maternidad- Angelina y el niño Diego.
RIVERA Y EL MURALISMO
Pero hubo que esperar una década para que el arte mural se consolidara y se impusiera como una especie de arte oficial de la sociedad mexicana. Y el responsable de esto fue José Vasconcelos, Ministro de Educación, quien se encontró ante una población en la que el 90% era analfabeta. Vasconcelos hizo un llamado a artistas e intelectuales para que participaran en un nuevo proyecto educativo y para que buscaran formas fáciles para educar a la gente más sencilla e iletrada. Los artistas del Muralismo, con Diego Rivera a la cabeza, se unirán a dicho proyecto pedagógico y es así como empezarán la gran aventura muralista mexicana. Y es en 1922, seis meses después de su segundo regreso de Europa, que Rivera empezará su primer mural llamado La creación, en la Escuela Nacional Preparatoria. A este mural será el inicio de una larga serie.
LO FORMAL
La técnica utilizada por Rivera para sus murales fue de inspiración puramente renacentista, esa del movimiento clásico llamado del Cinquecento; así también la utilización, para los diseños gigantes, del carboncillo y la sanguina. Y resulta interesante que Rivera, quien estaba sumamente interesado en los temas de la vida cotidiana mexicana, utilizó motivos de inspiración cristiana y europea pero, eso sí, con una gama de tonos, figuras y personajes puramente mexicanos. La grandeza de los murales, junto con la mezcla de temas y motivos, consolidan un contraste majestuoso en el que el discurso épico de imágenes reflejan un pathos colectivo.
Tiempo después el estilo mural de Rivera evolucionará. Los motivos y temas sufrirán una metamorfosis formal en la que la esfera de lo político dominará la totalidad de los murales. Las formas y personajes representados no serán más configurados por el ideal clásico de belleza, sino por el concepto de belleza de lo autóctono. Lo que en la sociedad mexicana no es sino la alegoría de una cultura indio mestiza. Ejemplos de esto son los murales Mujeres tehuanas; Entrada a la mina; El arsenal, entre otras. El Muralismo es, pues, la expresión estética del patthos mexicano.