Las Premios Nobel de la Paz, la estadounidense Jody Williams y la maya quiché, Rigoberta Menchú, se reunirán con mujeres integrantes de organizaciones de Panajachel, Sololá, para conocer estrategias de abordaje del femicidio y de la violencia machista; su visita forma parte de una investigación que replicarán en México y en Honduras.
De acuerdo con información de la entidad Nobel Women’s Initiative, las mujeres indígenas y las defensoras de los derechos fundamentales de esa parte de la población son quienes enfrentan mayores dificultades a la hora de querer acceder al sistema de justicia.
Las Premios Nobel recorrerán las principales aldeas de la localidad en compañía de otras 20 profesionales, entre periodistas, cineastas, empresarias y activistas de Canadá y de Estados Unidos, para documentar los resultados.
La delegación se encuentra en Honduras, donde se registró un aumento del 300 por ciento de femicidios luego del Golpe de Estado, según cifras de las organizaciones feministas; las principales víctimas fueron activistas de derechos humanos, sindicalistas y defensoras de los derechos de las mujeres.
Uno de los principales hallazgos durante su visita a México fue el elevado nivel de discriminación y exclusión que sufren las mujeres indígenas, lo que impide su derecho de acceder al sistema de justicia en casos de agresiones, violaciones y atentados contra la vigencia de sus derechos.
El próximo sábado 28 llegarán a Panajachel, para entrevistarse con lideresas comunitarias, recopilar sus opiniones respecto al femicidio y la violencia machista, así como para conocer sus estrategias de intervención y la respuesta que han dado las instituciones del Estado a los crímenes contra las mujeres.
Nobel Women’s Initiative redactará un documento donde quedarán plasmadas los hallazgos de las visitas a los tres países, las debilidades en materia de atención de dichas problemáticas y las recomendaciones para los Estados.
En el 2011, en México fueron asesinadas aproximadamente mil 500 mujeres, mientras que en Guatemala las autoridades registraron 708 casos; en Honduras la policía reportó la muerte violenta de unas 500 niñas, adolescentes y mujeres.