Mujeres en las elecciones 2011 ¿Algo qué celebrar?


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Los resultados electorales obtenidos por las mujeres en las diputaciones y alcaldí­as, no dejan lugar para el optimismo; el perfil de género del Congreso seguirá siendo masculino, y las mujeres indí­genas, con apenas tres congresistas, continuarán siendo una minorí­a en el ámbito de la polí­tica. Este es un signo negativo para la democracia que se intenta construir en un paí­s marcado por la exclusión.

Ana Silvia Monzón

 


Estos números contrastan con el esfuerzo realizado, sobre todo por organizaciones sociales, a nivel nacional y local, para promover la participación polí­tica de las mujeres. Un balance de las acciones realizadas, en los últimos tres lustros, como las escuelas de liderazgo, talleres, campañas para documentar a las mujeres, difusión de sus derechos, construcción de propuestas y llamados al voto, deja interrogantes sobre las que vale la pena reflexionar. ¿Será que la polí­tica no es de interés para las mujeres? ¿Es la forma tradicional de hacer polí­tica lo que las disuade de involucrarse plenamente? o como aseguran voces más crí­ticas ¿El modelo de la democracia formal ya se agotó?

A pesar de que se celebró, como un avance, el dato de un padrón electoral conformado por un 51% de mujeres, esto no se reflejó en un avance sustantivo en los niveles de representación femenina, de manera que la agenda polí­tica y social de mujeres rurales y urbanas, indí­genas, jóvenes y trabajadoras, por mencionar algunas actoras importantes, podrí­a quedar relegada al no contar con suficientes interlocutoras comprometidas con esas reivindicaciones en el ámbito legislativo, o en el espacio municipal.

Llama la atención, aunque no extraña, que reclamos tan actuales como la erradicación de la violencia, la defensa del territorio y del medio ambiente, la educación para las niñas, la promoción de la creatividad, el arte y la expresión, la atención de la salud sexual y reproductiva, el acceso y la propiedad de la tierra, el resarcimiento y la memoria histórica, los derechos de las migrantes o el trabajo digno para las mujeres, no figuren explí­citamente en los planes de gobierno o en las promesas de las campañas polí­ticas.

Esta ausencia de las mujeres en las cifras y en los discursos polí­ticos, es un indicador de que la clase polí­tica aún no las visualiza como ciudadanas. Pero como contrapunto, debe mencionarse que del lado de las ciudadanas, tampoco se ha logrado articular la exigencia de una polí­tica con otros contenidos y formas. El voto mayoritario para figuras que sustentan discursos que apelan a la fuerza, así­ lo confirman.

Estamos a las puertas de una segunda vuelta en el proceso electoral. Por primera vez, una mujer ocupará la vicepresidencia del paí­s. Las candidatas no pueden ser más contrastantes, tanto en sus trayectorias académicas y sus carreras polí­ticas, como en sus discursos y en la imagen que proyectan: una se reivindica como una polí­tica forjada en su partido, la otra como feminista; pero ambas tienen el reto de marcar un hito en la historia polí­tica de una sociedad caracterizada por la intolerancia y el autoritarismo que constituyen la norma, y no la excepción, en el ámbito de la polí­tica.