Hoy se discute finalmente la ley para regular el trabajo de la Comisión de Postulación que por ley debe elaborar la lista de aspirantes a magistrados en el sistema judicial de Guatemala. El presidente había dicho que esa iniciativa de la señora Nineth Montenegro no tenía ni dientes, justificando así el nulo apoyo del partido de gobierno al esfuerzo por transparentar el trabajo de los postuladores.
Los acontecimientos últimos cambiaron las cosas y colocaron en el centro de las prioridades la aprobación de una ley que ayude a integrar una Corte Suprema de Justicia y Salas de Apelaciones más independientes que puedan ser garantes del Estado de Derecho. Obviamente la presión pública luego del llamado caso Rosenberg obligó a las autoridades a entender que tenían que dar un gesto de transparencia apoyando la ley y, para el efecto, dotarla de los dientes y muelas que según Colom no tenía cuando se presentó la iniciativa.
La realidad es que en Guatemala tenemos un sistema de justicia que presenta deficiencias patéticas porque es parte del régimen de impunidad y no del régimen de legalidad. En efecto, la administración de justicia en nuestro país está al servicio de un sistema absoluto que protege a los delincuentes y la designación de magistrados es crucial para modificar las cosas o para mantenerlas tal y como están.
Las comisiones de postulación fueron una idea que surgió para asignar al mundo académico más participación en el proceso de designar a determinados profesionales para el desempeño de cargos de alta responsabilidad. Tristemente la buena idea terminó politizando al mundo académico y de los colegios profesionales, por lo que ahora se impone establecer mecanismos para atajar el oportunismo y las prácticas que han prostituido el procedimiento.
Repetimos, sin embargo, que la ley puede quedar con todos los dientes y muelas que quieran. Hasta pueden ponerle afilados colmillos, pero si los guatemaltecos mantenemos la postura de no participar, de no comprometernos como ciudadanos, de nada servirá el esfuerzo. Es preciso que todos tengamos una actitud permanente de vigilancia y fiscalización porque no se puede seguir dando esa situación de impunidad que tanto daño nos hace todos los días.
Los que también necesitamos muelas y dientes somos los ciudadanos, para que nuestra participación cívica sea más decidida y decisiva, toda vez que el futuro del país no depende ni de los políticos ni de los grupos de poder, sino que al final de cuentas todo estará en función de cuánto interés y compromiso pongamos cada uno de los habitantes del país para ir resolviendo nuestros viejos problemas.