Es de verdad impresionante la cantidad de terrícolas que se entretienen mirando un partido de fútbol, lo cual queda demostrado cuando se nos informa de los millones y millones que entusiasmados y absortos fanáticos, se encuentran al mismísimo tiempo y alrededor de todo el mundo, contemplando los partidos del campeonato mundial de fútbol.
Es también impresionante darse cuenta de los ingresos millonarios que percibe un jugador profesional que, a todos nos parece desproporcionado, sobre todo cuando se trata de algún muchacho de alrededor de 20 años y que, de repente, es analfabeto.
Pero, como se trata de alguien que no solamente hace malabarismos increíbles, sino que además a la hora de un cotejo internacional mueve al patriotismo y cuyo equipo, si acaso logra ganar, hace sentir triunfadores a todo un pueblo, es causa de inusitada alegría y mucho orgullo para sus agradecidos compatriotas, pues se encuentra una justificación para esas aparentes incongruencias monetarias. Pero ahí van, entreteniendo al mundo.
Hoy mismo compiten, las oncenas de Guatemala y Panamá, y el que gane, será el campeón centroamericano. La oncena panameña, está conformada casi en su totalidad por muchachos de raza negra, y ya ahí, hay diferencias de velocidad y corpulencia. La velocidad y la corpulencia, son en mucho, de tipo genético, de nacimiento, y nuestros paisanos chapines tienen franca desventaja. Los campeones mundiales en competencias olímpicas de velocidad así como los campeones mundiales de boxeo superpesado, son generalmente de raza negra.
A los chapines les toca entonces apelar a su habilidad, a su talento y a sus atributos masculinos para contrarrestar la velocidad y corpulencia de los panameños, y es ahí en donde entra en juego, las capacidades del entrenador.
Además de elaborar su táctica de juego, que para nosotros los legos es algo que no entendemos, el entrenador habrá de seleccionar a aquellos jugadores que, además de habilidosos, sepan hacer entrega total de su corazón y sus atributos masculinos. Hizo muy bien el entrenador «Bolillo» Gómez en exigirles que a la hora de entonar el himno, lo hagan a todo pulmón, con orgullo y contagioso entusiasmo.
En lo que respecta a su agresividad el «Bolillo» habrá de dejar en el banquillo a aquellos jugadores que se desaniman en cuanto les meten un gol, y escoger, por el contrario, a los que en ese momento, en lugar de desanimarse juegan con más ñeque.
Hace algunos años, al final de un campeonato centroamericano se premió, además del jugador que había metido más goles y al portero menos abatido, a aquel que se había entregado con más ñeque. Me recuerdo, en ese entonces de Hugo, el famoso Tin Tan Peña, a quien en más de una ocasión se le premió como al jugador más aguerrido. Eso cuenta mucho mucho. Ojalá pues que nuestros paisanos chapines se entreguen hoy con alma, corazón y testes, como lo hacía entonces el Tin Tan Peña.