Mucho más que una elección presidencial


Los ojos del mundo están puestos en Estados Unidos por la muy probable elección del primer Presidente negro en la historia. Pero entendiendo con más detalle el proceso, uno tiene que entender que está en juego mucho más, puesto que pareciera que el electorado al fin le da la espalda a las polí­ticas que en 1980 se definieron como «reaganomics» que pregonaban que el bienestar de los pobres tení­a que llegar como derrame del bienestar de los ricos. Aún Bill Clinton tuvo que acomodar las propuestas demócratas al estilo de la tercera ví­a para tener algo que venderle a un electorado extremadamente conservador que se inclinaba por los republicanos.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Y la influencia de esas teorí­as económicas llegó a ser de tal magnitud que organismos como el Fondo Monetario Internacional forzaron al resto del mundo a adoptar polí­ticas de ajuste estructural basadas en las ideas económicas que puso de moda Reagan desde la Casa Blanca con la ayuda diligente de la señora Thatcher desde Londres. A lo largo de 28 años se impuso el dogma de la desregulación de la economí­a para dejar que las fuerzas del mercado se autorregularan y de la supresión del gasto o inversión social porque el bienestar de los pobres serí­a producto del derrame que tení­a que producir el rebalse de la riqueza de los más ricos.

Impuestos se convirtió en mucho más que una mala palabra y los únicos aceptables eran los que se aplicaban al consumo y no al capital. Por el contrario, mientras más capital tení­a una persona o una empresa, mayores las exoneraciones porque eso, según la prédica, permitirí­a generar más riqueza y ésta serí­a tanta que los ricos tendrí­an que esparcirla hacia sus trabajadores.

Poco se recordaba que en 1929 se produjo una crisis económica producto de la burda especulación financiera que fue resultado de escasos controles y regulaciones, de una polí­tica económica también basada en el dejar hacer, dejar pasar, lo que produjo una burbuja que tarde o temprano tení­a que reventar como también debí­a estallar la que artificialmente fueron creando los neocons, los especuladores de hoy que tras pregonar la desregulación, aprovecharon el arca abierta para meter la mano.

Cualquiera que sea el resultado de esta elección, es indudable que el electorado simple de los Estados Unidos, ese que vota más por inspiración de la derecha religiosa que se ofende cuando hablan de Darwin, entendió que le vení­an viendo la cara de baboso y que tras la fachada ideológica se agazaparon los sinvergí¼enzas que a punta de especulación hicieron añicos el sistema que ellos mismos habí­an creado.

Hizo falta alguien con radicalismo extremo como Bush para sepultar el legado de Reagan que llegó a ser dogma, no sólo para ese electorado simple, ignorantón e incauto sino para muchos economistas a lo largo y ancho del mundo. Hizo falta la absoluta ceguera e incompetencia del actual Presidente para evidenciar la falacia que durante décadas se ocultó en la aparente prosperidad que no era resultado de mayor producción sino de mayor especulación.

La elección de hoy es importante, pero si algo hay que agradecerle a Bush es que al actuar con la simpleza, la ignorancia, la incapacidad de muchos de sus electores, terminó destapando el juego y lo hizo de manera tan dramática que no sólo acabó con el dogma abriendo espacios a propuestas más coherentes que parecí­an sepultadas, sino que casi seguramente entregando el poder a un hombre de raza negra que sin el favor involuntario de Bush no hubiera llegado al poder.