Muchas declaraciones y ningún avance en el plano económico


Yasuo Fukuda, primer ministro japonés, fue el anfitrión de la Cumbre de la G8, la cual tuvo muchas conclusiones pero pocos indicios de acción.

La cumbre de lí­deres de ocho potencias mundiales culminó esta semana en Japón con un sinfí­n de declaraciones sobre la necesidad de enfrentar la crisis alimentaria, los astronómicos precios del petróleo y la contracción del crédito, pero sin nada concreto para aliviar al planeta de este «triple shock» económico.


La falta de anuncios concretos para enfriar los precios récord de los alimentos y del petróleo fue criticada por expertos que pusieron en duda la legitimidad del G8, que no incluye a gigantes emergentes como China o India ni a grandes exportadores de crudo, salvo a Rusia.

El capí­tulo sobre economí­a de la declaración final es «decepcionante e inadecuado en relación al potencial y a las tradiciones del G8 a la hora de enfrentar los serios desafí­os económicos que tenemos por delante», sostuvo John Kirton, jefe del Grupo de Investigación sobre el G8 de la Universidad de Toronto.

«Otorgará a los ciudadanos y votantes de la mayorí­a de los paí­ses del G8 poca confianza en que sus lí­deres en el G8 han comprendido realmente lo que sienten cuando llenan sus tanques en las gasolineras, cuando compran comida en las tiendas, cuando ven las pérdidas de empleo mes tras mes en Estados Unidos», añadió.

Los lí­deres de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón y Rusia se limitaron a indicar que siguen siendo «positivos» sobre las perspectivas de crecimiento en el futuro a pesar del actual crecimiento «moderado».

Los lí­deres del G8 no anunciaron nuevas ayudas financieras para los más pobres del planeta, que sobreviven con uno o dos dólares al dí­a y destinan hasta el 75% de ese monto a la compra de alimentos, al estimar que los 10 mil millones de dólares desembolsados desde inicios del año son suficientes.

La iniciativa del presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, de crear un fondo agrí­cola para los paí­ses en ví­as de desarrollo, con un presupuesto de 1 mil millones de euros financiado por los excedentes de la Polí­tica Agrí­cola Común europea, no progresó.

«Es verdad que quizá hubiera sido deseable, aunque lógicamente no está sólo en manos del G8, una respuesta más contundente, más activa a la crisis alimentaria (…) porque detrás de esta crisis hay vidas humanas en juego», opinó el jefe del gobierno español, José Luis Rodrí­guez Zapatero.

El primer ministro holandés, Jan Peter Balkenende, reclamó al G8 más ayuda para «aumentar la producción agrí­cola» mundial.

El club de los ricos también amenazó con nuevas acciones a Zimbabue tras la polémica reelección de Robert Mugabe, urgió a Irán a ser más responsable en la región y se dio un plazo de cinco años para otorgar 60 mil millones de dólares a la lucha contra el sida, la malaria y la tuberculosis en Africa.

La declaración final de la cumbre del G8 en Toyako, una zona de lagos, montañas y volcanes en el norte de Japón, «parece un árbol de Navidad con muchas luces», estimó Andrew F. Cooper, politólogo de la Universidad de Waterloo (Canadá).

«No creo que hayan manejado la economí­a de manera brillante (…) Fue la mayor debilidad de la cumbre», afirmó.

El G8 llamó a equilibrar la oferta y la demanda de crudo y a aumentar la transparencia en los mercados petroleros en momentos en que el barril de petróleo se cotiza a más de 140 dólares, cinco veces más que en 2003, pero tiene pocas esperanzas de éxito, dijo Tomoko Fujii, economista jefa del Bank of America en Tokio.

«Es muy difí­cil para los lí­deres del G8 solucionar problemas como los del petróleo si los actores más importantes en el tema están ausentes del diálogo», indicó.

«El G8 no supo ponerse a la altura del desafí­o de un mundo en crisis, un mundo que exige una acción seria», concluyó Luc Lampriere, de la ONG humanitaria Oxfam.