Este año cobró gran esplendor el 15 del mes, cuando se celebra el día de la ciudad capital en honor a su patrona, nuestra Señora de la Asunción, cuyo templo está situado en la 7ª. avenida norte de la zona 2.
Ya el abogado y escritor José Milla y Vidaurre en su Cuadro de Costumbres hace referencia a esta Feria en donde refiere los apuros de don Clímaco al visitarla. Entre paréntesis: (¿qué pasó con el busto de nuestro ilustre escritor que estaba en el monumento a su memoria en la calzada que lleva su nombre?).
Pues bien, como decía, sentí que este año tanto los actos religiosos, la procesión con la bella y consagrada imagen de la Virgen, con su ingreso a la Catedral Metropolitana, fueron excepcionales. Gran afluencia de devotos colmó el área del templo como su interior. La noche del 15 la presencia del público citadino y turístico colmó los alrededores del templo, así como los espacios de lo que fue el Hipódromo, en donde había cantidad de diversiones como se acostumbra en estos casos.
Pero ha cambiado bastante esta Feria, desde que el dictador Ubico la trasladó al sur, en la finca nacional La Aurora para el mes de noviembre, para que tanto los citadinos como los del interior del país le celebraran su cumpleaños que era el 10 de noviembre. En la antigua feria había salones para la high life, como el de la Mariposa (que valga la propaganda), y los de la “pobrería’’, en donde al compás de las notas de la marimba se pasaba el lazo entre los bailantes para cobrar la pieza, y había un rótulo bien visible que decía: “se ruega a los caballeros no tirar las chencas en el suelo, porque se queman los pies las señoritas’’, no sé si todavía está.
Había también otra gran serie de diversiones como las polacas, la rueda de Chicago, aún presentes, el chicotazo, que desapareció desde que falleció su dueño; tiros al blanco, chingolingos, estos y otros de mis años, porque de los más atrás como las compraventas de ganado caballar, porcino y ovino, solo recuerdo cuando veía pasarlos por la casa en donde vivía, levantando grandes polvazones. En donde vivíamos con mis papás, entonces era solo yo, en la casa de esquina de la tercera avenida y dieciséis calle, hoy zona 1, frente al Hospicio Nacional sostenido por la Lotería Nacional y administrado por las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl, que fue derribado durante un gobierno que no previó los alcances que tuviera en estos días para orientar a esta niñez y juventud de uno y otro sexo. En esta casa vivía un herrero que hacía su agosto herrando caballos.
Como es lógico pensar, con mis papás íbamos a la Feria de Agosto, en carruaje, primero al Templo pues eran muy católicos, acompañar la procesión y después al Hipódromo, en este había carreras de caballos.
Esta vez, sin embargo, hubo algo discordante, a mi juicio, y fue la presencia de los aspirantes a la Alcaldía que aprovecharon la concurrencia de tanto paseante para hacer su propaganda, montaron tarimas, llevaron aparatos de sonido, aquello se volvió un relajo que incomodaba, ¡lástima! A la doctora Menchú se le vio pero recorriendo a pie sin hacer proselitismo.
Fuera de esto, reitero, la celebración cobró gran lucimiento.