Movido festejo este 15 de agosto


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Este año cobró gran esplendor el 15 del mes, cuando se celebra el dí­a de la ciudad capital en honor a su patrona, nuestra Señora de la Asunción, cuyo templo está situado en la 7ª. avenida norte de la zona 2.

José Antonio Garcí­a Urrea

 


Ya el abogado y escritor José Milla y Vidaurre en su Cuadro de Costumbres hace referencia a esta Feria en donde refiere los apuros de don Clí­maco al visitarla. Entre paréntesis: (¿qué pasó con el busto de nuestro ilustre escritor que estaba en el monumento a su memoria en la calzada que lleva su nombre?).

Pues bien, como decí­a, sentí­ que este año tanto los actos religiosos, la procesión con la bella y consagrada imagen de la Virgen, con su ingreso a la Catedral Metropolitana, fueron excepcionales. Gran afluencia de devotos colmó el área del templo como su interior. La noche del 15 la presencia del público citadino y turí­stico colmó los alrededores del templo, así­ como los espacios de lo que fue el Hipódromo, en donde habí­a cantidad de diversiones como se acostumbra en estos casos.

Pero ha cambiado bastante esta Feria, desde que el dictador Ubico la trasladó al sur, en la finca nacional  La Aurora para el mes de noviembre, para que tanto los citadinos como los del interior del paí­s le celebraran su cumpleaños que era el 10 de noviembre. En la antigua feria habí­a salones para la high life, como el de la Mariposa (que valga la propaganda), y los de la “pobrerí­a’’, en donde al compás de las notas de la marimba se pasaba el lazo entre los bailantes para cobrar la pieza, y habí­a un rótulo bien visible que decí­a: “se ruega a los caballeros no tirar las chencas en el suelo, porque se queman los pies las señoritas’’, no sé si todaví­a está.

Habí­a también otra gran serie de diversiones como las polacas, la rueda de Chicago, aún presentes, el chicotazo, que desapareció desde que falleció su dueño; tiros al blanco, chingolingos, estos y otros de mis años, porque de los más atrás como las compraventas de ganado caballar, porcino y ovino, solo recuerdo cuando veí­a pasarlos por la casa en donde viví­a, levantando grandes polvazones. En  donde viví­amos con mis papás, entonces era solo yo, en la casa de esquina de la tercera avenida y dieciséis calle, hoy zona 1, frente al Hospicio Nacional sostenido por la Loterí­a Nacional y administrado por las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl, que fue derribado durante un gobierno que no previó los alcances que tuviera en estos dí­as para orientar a esta niñez y juventud de uno y otro sexo. En esta casa viví­a un herrero que hací­a su agosto herrando caballos.

Como es lógico pensar, con mis papás í­bamos a la Feria de Agosto, en carruaje, primero al Templo pues eran muy católicos, acompañar la procesión y después al Hipódromo, en este habí­a carreras de caballos.

Esta vez, sin embargo, hubo algo discordante, a mi juicio, y fue la presencia de los aspirantes a la Alcaldí­a que aprovecharon la concurrencia de tanto paseante para hacer su propaganda, montaron tarimas, llevaron aparatos de sonido, aquello se volvió un relajo que incomodaba, ¡lástima! A la doctora Menchú se le vio pero recorriendo a pie sin hacer proselitismo.
Fuera de esto, reitero, la celebración cobró gran lucimiento.