Motoristas y ciclistas deben ser «derechistas»


Constituye un gran problema el hecho de que se haya producido ya una inundación de vehí­culos de toda clase en esta capital y, virtualmente, en los demás centros urbanos y rurales del paí­s, incluidas, desde luego, las carreteras.

Marco Tulio Trejo Paiz

A toda hora del dí­a y en las primeras de la noche zumban por todos lados los autobuses urbanos y extraurbanos, los camiones, los traileres, los automóviles, las paneles y las motos de empresas comerciales e industriales; también circulan bicicletas, carretas y, aun, cualquier cosa rodante y ruidosa con objetos de ventas callejeras y botes que arrastran los limpiadores y cuidacarros (hombres y mujeres), a quienes la policí­a les permite obstruir las ví­as y a veces ir contra la ví­a…

Pero nuestro propósito especial es, en esta ocasión, referirnos al caso de los conductores de motos y bicicletas; unos y otros provocan situaciones temerarias, sumamente peligrosas para ellos y para las personas que manejan automotores de cuatro ruedas, pues corren rápidamente en las calles citadinas como con premura y lo hacen entre carriles de la izquierda y del centro, por lo que pueden en cualquier momento sufrir graves accidentes para dejarlos como «sandwiches» los pesados vehí­culos que van apareados. Ya se han producido trágicos accidentes por esa forma imprudente de motoristas y ciclistas. Lo conveniente es que vayan siempre en el carril derecho, aunque es sabido que los chóferes de buses y de otros pesados «patas de hule», en su mayorí­a abusivos y desalmados, los atropellan con intención o sin ella. Se valen de la impunidad que campea en el paí­s.

Esos muchachos que trabajan para los establecimientos que expenden «comidas rápidas», por ejemplo pizzerí­as, los restaurantes «McDonald» y «Pollo Campero», supuestamente «tiranizados» por sus jefes, hacen zigzags por aquí­ y por allá en las ví­as al sentirse atosigados, por cuanto deben llegar prontamente a las casas, oficinas y demás lugares de donde han sido solicitados los productos alimentarios, toda vez que si por llegar tardí­amente corren el riesgo de no ser aceptado lo pedido, los modestos empleados repartidores son obligados por los jefes a pagar lo que es rechazado. No les aceptan excusas ni porque el pandemónium del tránsito es el causante muchas veces de las demoras.

Lo lesivo, arbitrario e injusto es que, cuando ocurren las tragedias, los chompipes de la fiesta macabra son los conductores de los vehí­culos que dejaron «wash and wear» o convertido en «sandwich» al de la moto o al de la bicicleta. Ante tan deplorables hechos contingenciales lo procedente es disponer bien el tiempo. ¡Nada de exponer a los serios peligros en las calles y carreteras a los modestos distribuidores de las «comidas rápidas»!

En otros paí­ses, en los que las ciudades y las carreteras se encuentran saturadas de «trastes rodantes» han adoptado medidas adecuadas para evitar la peligrosidad de las motos, bicicletas, carretas y otros vehí­culos por el estilo y, en otros donde la autoridad y la gente común y corriente es organizada, educada y respetuosa de las disposiciones de tránsito, abundan los «caballos de los pobres», como dirí­a Pepe Milla…

Lanzamos la pelota a quienes se encargan de vigilar, controlar y normalizar el tránsito vehicular en toda la geografí­a de este patio centroamericano, y ojalá que no echen en saco roto lo que hemos expresado en este espacio de LA HORA.