Cada día que pasa se siente más la falta de autoridades capaces de dirigir la administración pública con eficiencia. Digo esto, porque para fijar políticas públicas se ponen a hacer lo primero que se les ocurre, en vez de hacer análisis, investigaciones, consultas y evaluar técnicamente los beneficios, los inconvenientes y los resultados de cada medida. El mejor ejemplo de lo anterior es la inseguridad y el peligro que representan las motocicletas en el país, sin dejar de tomar en cuenta que aquí, como en sinnúmero de países del mundo, se ha transformado en el vehículo vital para el desarrollo y desenvolvimiento de sus ciudadanos.
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Por lo anterior se prohibió el uso de la moto con más de una persona a bordo. Hace poco, me contaron que el Ministro de Gobernación tiene en mente permitir no más de dos personas en cada vehículo, pero que tripulante y pasajero tendrían que vestir chalecos de distinto color, con el número de la placa del vehículo bien visible y eso de poner un pedazo de papel o cartón con el rótulo de “en trámite” no sería permitido. Ahora bien, ¿tanto nuestras autoridades y los ciudadanos nos habremos preguntado si eso no será una medida más que va a durar si mucho una semana, pero que por la ausencia de agentes, vehículos y mil cosas más pronto pasará al olvido y los delitos o faltas seguirán igual?
Pero a nuestras autoridades se les permite de todo. Por ello siguen haciendo lo primero que se les ocurre sin que exista un mecanismo ágil y dinámico que les obligue a tomar las medidas que en nuestro país forzosamente deben imponerse. Por ejemplo: ¿por qué se permite impunemente estacionar y circular las motos en las aceras, provocando accidentes a la mayoría de chapines que son peatones?; ¿por qué se permite a los motoristas que circulen por donde se les da la gana, como andar a toda velocidad por calles y avenidas, sin luces y sin hacer señales indicativas como preventivas para evitar accidentes?
Por otra parte, la motocicleta ha resultado útil y beneficiosa para los maleantes, facilitándoles los movimientos ágiles y rápidos para cometer sus fechorías, lleven o no chalecos, lleven o no cascos, lleven o no armas de fuego ya que nadie los controla, nadie les detiene para ser requisados, mucho menos, quien les exija que respeten las elementales normas contempladas en el Reglamento de Tránsito. En síntesis, muchas disposiciones se podrán tomar pero, sin agentes policíacos honestos que se mantengan velando porque las normas sean cumplidas el resultado será igual a tortas y pan pintado. No hay que olvidar que la ley debe ser un ordenamiento racional dirigido al bien común y promulgado por autoridad legítima. “Por la ley no nos gobierna un hombre, sino la razón”, dijo Aristóteles. Toda ley es educativa y coactiva: enseña y obliga. Ojalá que por fin entiendan.