Monseñor Gerardi significa Derechos Humanos


Grecia Aguilera

Hace 60 años la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó y proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En Guatemala, el mayor sí­mbolo para este dí­a y todos los dí­as es Monseñor Juan Gerardi, un verdadero ejemplo de justicia, héroe del pueblo, gran defensor de los derechos de los guatemaltecos. Y esa defensa sigue viva aún después de su muerte, en la valiente denuncia que realizó en el «Informe para la Recuperación de la Memoria Histórica». Para Monseñor «la paz es un don y una gracia de Dios pero hay que saber cimentarla y esto sólo es posible si lo hacemos en la verdad y la justicia.» í‰l es el consuelo de todos aquellos que han sufrido la violación de sus derechos. í‰l es la voz de los que no tienen voz para hacer oí­r sus necesidades y denunciar las injusticias. En 1989 creó y coordinó la Oficina de los Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala, institución que ha colocado al paí­s en un alto lugar dentro de las naciones que trabajan por una verdadera justicia, porque desde su fundación hasta la fecha, la ODHAG es la esperanza de las ví­ctimas de la violencia en Guatemala. Uno de sus grandes propósitos es la promoción y defensa de los Derechos Humanos. En la magní­fica obra, «Memoria viva», dedicada por el hermano Santiago Otero a Monseñor Gerardi, apunta: «Como integrante de esta Oficina (Monseñor Gerardi) viajó durante varios años consecutivos a Ginebra, Suiza, con el fin de denunciar internacionalmente las violaciones de los Derechos Humanos en Guatemala, en las Asambleas anuales de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Esta actitud siempre le acarreaba crí­ticas de algunos sectores guatemaltecos un tanto reacios. Sabemos que su preocupación fundamental era la protección del derecho a la vida, como supremo don de Dios, y junto a él todos los derechos sociales, económicos y culturales que hacen del ser humano un sujeto libre por naturaleza allí­ donde Dios lo plantó.» Y más adelante anota: «La promoción de la vida así­ como la defensa de los Derechos Humanos empezaron a dar un reconocimiento público cada vez más notorio, nacional e internacionalmente, al servicio de la sociedad guatemalteca. Las más diversas agencias de ayuda y cooperación depositaron en esta institución del Arzobispado su confianza, y por su medio se pudieron llevar a cabo muchos proyectos con el mismo objetivo.» En el discurso que pronunció Monseñor Juan José Gerardi Conedera durante la presentación del informe REMHI, el 24 de abril de 1998 en la Catedral Metropolitana de Guatemala, dijo: «El Proyecto REMHI ha sido un esfuerzo que se sitúa dentro de la Pastoral de los Derechos Humanos, que a su vez es parte de la Pastoral Social de la Iglesia: es una misión de servicio al hombre y a la sociedad… El Proyecto REMHI en el confluir del trabajo pastoral de la Iglesia es una denuncia legí­tima, dolorosa, que debemos de escuchar con profundo respeto y espí­ritu solidario. Pero también es un anuncio, una alternativa para encontrar nuevos caminos de convivencia humana. Cuando emprendimos esta tarea nos interesaba conocer para compartir la verdad, reconstruir la historia de dolor y muerte, ver los móviles, entender el por qué y el cómo. Mostrar el drama humano, compartir la pena, la angustia de los miles de muertos, desaparecidos y torturados; ver la raí­z de la injusticia y la ausencia de valores.» Los testimonios reunidos por el Proyecto REMHI son más que una demostración de las atroces violaciones de los derechos humanos en Guatemala. Gracias a Monseñor Gerardi hemos aprendido a denunciar las injusticias. Son pocos los años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y demasiados los diez años sin Monseñor Juan Gerardi.