Momentos de angustia para una familia


Constantemente escuchamos del drama que aflige a muchas familias guatemaltecas cuando son objeto de extorsiones y amenazas en sus colonias, se sabe que muchos barrios tienen enorme cantidad de residencias vací­as porque los habitantes se han tenido que mudar ante la presión que sobre ellos ejercen los pandilleros que amenazan con matarlos a todos a menos de que les proporcionen fuertes sumas de dinero que, generalmente, están muy arriba de la capacidad económica de las ví­ctimas y que, de todos modos, serí­an una especie de enganche porque una vez hecho el primer pago, los largos seguirán pidiendo más y más.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Pero cuando uno tiene que ver de manera directa ese drama, como nos ha ocurrido ahora aquí­ en la empresa con un antiguo y muy honesto trabajador, se da cuenta de la verdadera dimensión del problema porque en realidad no hay a quién recurrir y el pánico hace estragos en el ánimo de la gente. Durante muchos años de trabajo esforzado, este amigo logró construir su vivienda en la que ha acogido a sus hijos y nietos; nunca fregó a nadie y, por el contrario, ha sido uno de los empleados más solidarios, más entregados a sus compañeros y con una enorme responsabilidad.

Desde hace varios dí­as empezó a recibir mensajes en su casa en los que le decí­an que lo tení­an cuadriculado, que sabí­an donde trabajaban y estudiaban todos los habitantes de la vivienda y que a menos que les entreguen a los maleantes una fuerte suma de dinero, irán matando uno a uno todos los miembros de la familia, incluyendo a los niños menores. Si uno acude a la Policí­a Nacional Civil le entra la duda de si los delincuentes no tendrán conectes y que como resultado de ello aceleren las represalias, no digamos del Ministerio Público donde también la presencia del crimen organizado es algo que salta a la vista.

Los consejos racionales en estos casos salen sobrando porque para el que está viendo los toros desde la barrera lo primero que se le ocurre es que no hay que pagarles a los maleantes porque nunca más se los quitarán de encima. Pero buscar apoyo de las fuerzas de «seguridad» no sólo resulta utópico, sino que en muchos casos insensato porque se saben de situaciones en las que al hacer la denuncia, quien la recibe resulta ser de la mafia. Gente honrada y pací­fica que no piensa ni por asomo en armarse o en buscar la forma de hacerse justicia por propia mano y que se ve forzada a abandonar sus posesiones simplemente porque vivimos en un paí­s donde el Estado no es capaz de cumplir con la obligación de garantizar a los ciudadanos la vida y el goce pací­fico de sus bienes.

Entre todos los amigos se puede cooperar para que esta familia llegue al extraordinario monto de la extorsión, pero seguramente que si los delincuentes ven que pudieron juntar esa enorme suma en pocos dí­as, no tardarán en pedir nuevamente otra cuota hasta llegar a establecer pagos periódicos que harí­an que esa familia trabajara únicamente para mantener a los delincuentes.

Es el absoluto estado de indefensión. Hace poco supe de un caso en el que un hombre que fue asaltado se topó con el asaltante en una tienda de departamentos de la zona 10 y literalmente se zurró porque el tipo ni se inmutó y hasta le hizo un gesto amenazador. Esa es la cotidianeidad de Guatemala, la que seguramente no preocupa ni desvela a Colom y su gente, pero que es el drama diario de miles de familias que ya no saben qué hacer.