Si de algo carecemos en nuestros días es de esperanza. Nos urge una ilusión que nos permita soñar y confiar en que el futuro será mejor. Francisco I, el nuevo Pontífice, encarna esos anhelos profundos de la cristiandad que respira ahora sosegada, confiada en que Dios se ha acordado de la modernidad.
Pero no solo quienes son fans de los valores evangélicos sienten un gozo especial en sus vidas, sino incluso los que se sienten alejados del discurso cristiano. Sin embargo no lo viven de la misma manera, los escépticos, agnósticos y clerófobos al menos le han dado el beneficio de la duda al Papa y esperan que Bergoglio muestre humanidad y sea como mínimo consecuente con el discurso moralizador de la religión que representa y lidera.
Tanta ilusión es peligrosa y creo que habría que calmar los ánimos (sin ser aguafiestas). Ni el papa Francisco es Supermán, ni Bergoglio con su elección experimento una transustanciación que le haga lucir ahora totalmente diferente. El Papa encuentra una Iglesia en alas de cucaracha: corrupción interna, abusos a granel, conspiraciones y una inmensa dificultad en actualizar conforme los tiempos a la nada impoluta Iglesia.
Por otro lado, el buen Papa, no se nos olvide, es Don Bergoglio: el ser humano pletórico de cualidades, pero también con defectuelos que lo hacen aparecer como “humano, demasiado humano”. Así Bergoglio, como todos nosotros, está lleno de contradicciones: hombre conservador que defiende el catecismo de la Iglesia Católica (rechazo a la unión entre homosexuales, prohibición del matrimonio a los sacerdotes, impedimento al acceso del ministerio a las mujeres, etc.). Pero también es el hombre que no amaga cuando se trata de ponerse a favor de los pobres y descomplicado en materia de relaciones humanas.
En consecuencia hay que moderar las expectativas. ¿Que la fe puede darnos alas para soñar? De acuerdo, pero los milagros en el siglo XXI están casi extinguidos y muchos de ellos no pasan de ser un espectáculo mal montado. No me mal interprete ni me critique con prisa. Yo también vivo de la esperanza y sueño con que el papa Francisco represente con dignidad a la Iglesia Católica, pero no me hago demasiado ilusiones.
La prensa ha hecho lo suyo y ha puesto los reflectores sobre el pastor universal y esto ha provocado mucho entusiasmo, pero será la prensa misma la que se encargue en su momento de suscitar sospechas y poner en tela de juicio la honorabilidad y capacidad del Obispo de Roma. De hecho, ahora mismo ha comenzado a incitar a la suspicacia: si fue cómplice de la dictadura argentina, si fue radical contra los homosexuales, si podrá hacerse cargo de la institución, etc.
Al Papa habría que pedirle lo que uno solicita a los gobernantes civiles: no te pido que hagas exactamente una revolución, con que hagas bien una o dos cosas durante tu gobierno, está bien y te lo vamos a agradecer.