«Cuídese compañero, los perros andan sueltos», con esa frase me saludó un viejo camarada a quien encontré en la funeraria el día que la mataron. La conocí en 1970 cuando ella era dirigente en la antigua Escuela de Trabajo Social de la Universidad de San Carlos, para ese entonces yo estaba en la Asociación de Estudiantes El Derecho. Por varios años trabajamos juntos como representantes estudiantiles ante la Asociación de Estudiantes Universitarios AEU, donde se distinguió por su madurez, coraje y fortaleza ideológica sustentada por el estudio del marxismo y la férrea disciplina de la militancia revolucionaria.
La recuerdo por su figura frágil y menuda, por sus ojos rasgados, de andar suave y delicado, sin abandonar su permanente y franca sonrisa, siempre hiperactiva, derrochando alegría y optimismo. Atenta a la situación nacional, preocupada por los problemas sociales y las necesidades de los excluidos. Evoco las largas discusiones de estudio en los círculos juveniles, su sensibilidad ante el sufrimiento de los desposeídos y marginados, sus punzantes críticas al sistema social injusto y desigual y su compromiso de lucha a favor de los necesitados.
La camaradería se estrechó militando en la misma organización revolucionaria. Por mucho tiempo aprendimos a caminar por el filo de la navaja y a movernos entre arena movediza, fueron los años en que la vida pendía de un hilo, por la doble vida, es decir, la que combinaba estudio, trabajo y lucha revolucionaria con las tareas del frente legal y del frente clandestino. Entonces, la amistad con Mirna y su esposo se anudó y se hizo indeleble.
Al momento de su desaparición violenta, Mirna se desempeñaba como investigadora de la Asociación para el avance de las ciencias sociales AVANCSO, desde donde desplegó intenso trabajo estudiando los problemas de los sectores sociales vulnerados durante el conflicto armado interno. Destacan sus trabajos científicos sobre los desplazados internos, las poblaciones de refugiados y desarraigados. En varias ocasiones nos volvimos a encontrar, el escenario fue distinto pero seguíamos cada quien en la misma lucha, iniciada en los años de audaz rebeldía juvenil y madurez estudiantil.
La ejecución de Mirna, hizo parte de la política contrainsurgente y de terrorismo de Estado, aplicada por los intolerantes y violadores de los derechos humanos. Su sacrificio dio aliento a la lucha frontal contra la impunidad que encabeza su hermana Helen, quien con persistente energía, sigue abriendo brecha, debilitando los eslabones de la impunidad y contra todo, fiscalizando la administración de justicia y rompiendo esquemas.
Hoy se cumplen 19 años de la ejecución extrajudicial que cobró la vida de Mirna. En su muerte quedó probada la responsabilidad de agentes del Estado, por el hecho algunos cumplen condena, otros siguen sin recibir castigo, prófugos de la justicia. Para la camarada Mirna permanente homenaje a su memoria. Para las familias Mack Chang y Hernández Mack, renovado afecto y solidaridad.
P.S. Hoy es la conferencia organizada por ACCEDE, Usac, URL y FLACSO sobre, «Ruptura del orden institucional y movimiento social en Honduras. Balance y perspectivas». Impartida por Leticia Salomón, la cita en FLACSO (3ª. calle 4-44 zona 10), 17:30 horas. ¡No se la pierdan!