Mirando al Asia y a la regulación de negocios


Edgar-Balsells

Resulta vital mirar hacia el Asia, y así lo están haciendo desde hace rato los países latinoamericanos que vienen repuntando en materia de exportaciones e inversión extranjera directa. Y es que las alicaídas economías del hemisferio occidental desarrollado muestran la vulnerabilidad de la dependencia hacia pocos mercados.

Edgar Balsells


El tema asiático hay que verlo desde muchas aristas, en virtud de que también se trata de países que han impulsado el comercio desleal. Por ejemplo, las zonas francas beliceñas, colmadas de empresarios hindúes que viven del contrabando y la falsificación, es un tema a combatir desde todos los planos.

Cuando uno revisa la historia del siglo XIX, en los tiempos del presidente Mariano Gálvez, ya se avizora la zona beliceña como un lugar en donde pulula la opacidad en los negocios y el tráfico de todo tipo de bienes y de gente.

Si nos adentramos al Asia debemos reestudiar con mucho detenimiento las costumbres, las formas de hacer negocios y los valores que están moldeando ese pujante continente: colmado de religiones milenarias, idiomas poco conocidos y una impresionante diversidad étnica.

Tenemos un gran rezago con respecto a los sudamericanos y los mexicanos en esta aventura: ellos han venido explorando desde hace un buen tiempo cómo relacionarse mejor con los árabes, indios y chinos; y es indispensable que la punta de lanza en estos nuevos periplos sea la Cancillería.

Me alegra que lo hagamos, porque también así salimos de aquella antigua visión antediluviana y anticomunista que nuestros verdaderos amigos asiáticos deben ser tan sólo aquellos que nos ayudaron en el armamentismo y en las arremetidas militares en contra de territorios que eran, a juicio de los estrategas, copados por las “fuerzas enemigas”: esa fue tan sólo la constante de nuestras relaciones internacionales por muchos años.

El tema palestino, el firmar nuevos tratados con la Liga Árabe, el consolidar relaciones con la India y afianzar el comercio con la China Continental es una urgente acción que Guatemala debe acometer cuanto antes, aun cuando los réditos de lo que hoy se haga tendrán resultados hasta el largo plazo: pero es vital empezar.

Ahora bien: muchos investment summits pueden haber; sin embargo, el combate a la economía subterránea de todo tipo es un tema fundamental: es válido y viable aventurarse en la inversión extranjera directa de largo plazo, es vital industrializar el país, pero cuando uno voltea a ver los magros esfuerzos de la seguridad guatemalteca en los negocios lícitos, uno se da cuenta que la política de inversión y empleo deben tener una perspectiva integral.

Y para muestra un botón: el robo de celulares ha adquirido niveles récord, no digamos el tema del robo de propiedades. ¿Cómo entonces podemos forjar un país de propietarios? La falsificación de medicinas está a la orden del día, y la Diaco y demás oficinas ministeriales carecen de dientes para frenar la escalada de la especulación y el contrabando.

Y qué decir de los precios de los bienes de primera necesidad: los precios de las carnes de pollo, cerdo y res están escalando paulatinamente, al sonsonete de una campaña mediática de una gremial que nos incita a “hacerle huevos”.

Guatemala encara entonces una verdadera regulación en materia de los negocios privados, antes de “ver al Asia”.