La miopía, medicamente hablando, se refiere a la dificultad de enfocar objetos lejanos, lo que provoca agudeza visual en el humano, misma que posteriormente genera otras molestias en la persona afectada. Sin embargo, cuando nos trasladamos a la esfera de las Ciencias Sociales, algunos acuñamos este término para señalar las formas de actuar de las autoridades, agentes económicos, empresas, organismos, etcétera.
Nuestro país es un lugar donde predomina la improvisación individual, la ausencia de planificación por parte del Gobierno y el cortoplacismo productivo, es decir, que la famosa espontaneidad se ha apoderado de la gran mayoría de guatemaltecos. Esto se debe a grandes corrientes de pensamiento que en la modernidad mueven al mundo, incluso en éstas figuran algunas doctrinas especializadas en totalizar el corto plazo, otorgándole poca importancia a los objetivos de un futuro más lejano.
Algo tan cotidiano de escuchar en la población, son expresiones como la de “hay que dedicarse a vivir el hoy…”, situación que deja al descubierto las posturas del conglomerado social acerca de la forma de concebir y enfocar sus acciones, materializándose todo esto en improvisaciones, poca visión de futuro y el no establecimiento de planes de vida concretos. Es necesario hacer la salvedad que siempre existen excepciones, y que no todo debe verse en el largo plazo, máxime cuando esto es en función de las decisiones de los individuos.
Cuando se habla del Gobierno, se concluye que no es significativo lo que pueda rescatarse en lo que a largo plazo concierne, y basta con observar las obras de infraestructura que se ejecutan, las cuales son concebidas y hechas únicamente pensando en el presente –en el mejor de los casos–, y en aisladas ocasiones son planificadas para un futuro cercano. Más allá de los intereses perversos y personales de varias autoridades de turno, esta deficiencia se debe a la pobre visión que la mayoría de dichos personajes poseen para establecer programas y acciones que sean funcionales en por lo menos un mediano plazo, es decir, que es mucho pedir que todo sea pensado y materializado en el largo plazo.
Los procesos productivos no se quedan atrás, y en la actualidad muchos sectores sólo se ocupan por satisfacer la demanda actual, no importando si la explotación de los recursos es insostenible o si ocasionarán que algunos recursos renovables se conviertan en no renovables. Cada día el uso de la tierra se hace con mayor intensidad, a tal grado de degenerar sus capacidades productivas permanentemente, caso similar el que afronta el agua, los bosques entre otros.
Se puede afirmar que esta “miopía social” es un síntoma de la enferma cultura que hemos construido y desarrollado a lo largo de la historia, misma que es implantada desde el mismo seno de la gran mayoría de hogares, y que la hemos llevado a toda las esferas que involucran a los integrantes de este tejido social. Hoy más que nunca hemos sido capturados por todo lo que involucra la cultura de lo desechable, rebasando los estrictos límites del consumo, para incluirlo en nuestros pensamientos y acciones.
No queda más que empezar por el cambio de las posturas interiores y profundas, para posteriormente irradiarlo a la sociedad, puesto que de no lograrse una transformación masiva, iremos empeorando a tal punto que este cortoplacismo aparentemente “inofensivo”, pueda conducirnos a que nunca alcancemos los beneficios de la calidad de vida.