Millones de pobres sin cobertura / Metida de pata


Eduardo-Villatoro-2013

Los grupos económicos dominantes son muy exigentes al censurar a los sectores populares que realizan marchas en calles y carreteras con el propósito de reclamar el respeto a sus derechos o el cumplimiento de acuerdos que han convenido previamente con autoridades estatales y que se quedan en el olvido; mientras que los dirigentes de la plutocracia sólo tienen que llamar telefónicamente a ministros y diputados para que rectifiquen medidas que afecten sus intereses.

Eduardo Villatoro


Una de las más recientes protestas pacíficas que no alteraron la comodidad en el desplazamiento de los capitalinos a sus trabajos aconteció a mediados de esta semana, cuando trabajadores del Programa de Extensión de Cobertura y representantes de asociaciones de la sociedad civil que suscribieron convenios con el Ministerio de Salud se apostaron frente al edificio de la cartera de Finanzas Públicas, para que atienda las solicitudes de trasferencias presupuestarias, a fin de que no se queden sin esa cobertura millones de guatemaltecos pobres supuestamente beneficiados con los programas pomposamente llamados Ventana de los Mil Días y Hambre Cero.

Sin entrar en detalles, si Finanzas no autoriza las transferencias al Ministerio de Salud se dejará de vacunar y atender a 712 mil niños menores de 5 años y a un millón de mujeres en edad fértil, así como a 140 mil embarazadas y 920 familias, que suman en total más de 4 millones 600 mil compatriotas que carecen de medios para atender sus necesidades de salud.

A esas pesimistas e ingratas estadísticas se agrega la probabilidad del repunte de muertes maternas e infantiles y el aumento de la desnutrición infantil crónica y aguda, que ni la abundante y constante publicidad gubernamental no puede evitar y tampoco ocultar, en tanto se despilfarra dinero en viajes al extranjero, excesivos viáticos, uso inmoderado de teléfono celulares, pagos de asesores incapaces y otros gastos superfluos en que incurren funcionarios públicos.

LAPSUS: Por razones de espacio los editores de La Hora nos asignan a los columnistas determinado número de palabras y caracteres, que a veces yo me excedo al momento de escribir mis artículos, pero logro enmendar después de su revisión.

Eso me ocurrió la noche del miércoles cuando ya para enviar mi texto a la Redacción me percaté que había superado el límite y si a eso agrego que estoy afectado por una severa gripe acompañada de fiebre y dolor de cuerpo, eliminé de mi columna en torno a mis primeras lecturas de La Hora, en San Marcos, un párrafo que indicaba que también leía El Imparcial, del cual mencionaba especialmente la página a cargo del introvertido poeta César Brañas, y cabalmente borré sin contemplaciones ni diligencia el trozo que explicaba y enlazaba ese pasaje con el contexto, y de ahí la confusión que armé y que no me di cuenta hasta que leí la edición impresa del diario.

Al guardar las distancias, ese artículo parecía parodia de una novela de Vargas Llosa en la que un autor de teleseries mezcla personajes de una novela televisiva a otra, dejando atónitos a sus indefensos radioescuchas.

Presento mis excusas a los directores de La Hora y a mis inermes y contados lectores que advirtieron tan soberana metida de pata, que lamento desde mi lecho.