Millones de niños sufren violencia laboral en Latinoamérica


Más de cinco millones de niños, niñas y adolescentes trabajan en Latinoamérica, y muchos de ellos sufren diferentes tipos de violencia en los lugares de trabajo. (ARCHIVO / La Hora)

Red Andi Latinoamérica

Más de cinco millones de niños, niñas y adolescentes trabajan en Latinoamérica, y muchos de ellos sufren diferentes tipos de violencia en los lugares de trabajo, según el «Estudio mundial sobre violencia contra la niñez» de las Naciones Unidas. El informe recomienda enfrentar esta problemática promoviendo una polí­tica de cero tolerancia a la violencia contra los niños y niñas que están trabajando, así­ como el acceso universal a la educación básica y el fin del empleo de niños y niñas en las peores formas de trabajo infantil.


El informe destaca que de todos los lugares donde la niñez está expuesta a la violencia, el trabajo es uno de los más difí­ciles de tratar, ya que de hecho los niños y niñas de menos de 14 años de edad no deberí­an trabajar, según la legislación internacional.

Sin embargo, de acuerdo a un estudio realizado por la OIT en 19 paí­ses de Latinoamérica, casi el 10% de toda la población de 5 a 17 años realiza labores en las peores formas de trabajo infantil, donde la violencia es rutina. «La OIT defiende la acción para combatir la violencia contra niños y niñas en el trabajo con tolerancia cero. El trabajo infantil y la violencia en el trabajo no son la misma cosa, pero es necesario eliminar ambos. La violencia en el trabajo es inaceptable, se trate de niños y niñas, adolescentes o de adultos», destacó la directora para Latinoamérica y el Caribe de la OIT, Isa Ferreira.

En este sentido, la mayorí­a de los paí­ses de Latinoamérica ha ratificado los Convenios 138 y 182 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que establecen la edad mí­nima de admisión al empleo y las peores formas de trabajo infantil, respectivamente.

El estudio de Naciones Unidas indica que existe muy poca información sobre la violencia contra los niños y niñas en los lugares de trabajo, especialmente de aquellos que se encuentran en la economí­a informal, donde está la mayorí­a de estos trabajadores.

Advierte que a pesar de que la respuesta más obvia a la violencia contra la niñez en los lugares de trabajo es sacarlos de allí­, es importante reconocer que para muchos niños y niñas esta no es una opción fácil. Las respuestas deberí­an tratar simultáneamente las causas por las cuales los niños y niñas trabajan ?económicas, sociales y culturales?, así­ como las expectativas y perspectivas de sus familias, ya que si no lo hacen, simplemente ellos volverán a la labor.

El estudio subraya además que es importante no seguir violando el bienestar de los niños y niñas que trabajan criminalizándolos o estigmatizándolos por circunstancias que están más allá de su control.

Las encuestas sobre trabajo infantil muchas veces no recogen la información sobre la violencia contra los niños y niñas en los lugares de trabajo. Falta información sobre los niños y niñas que son explotados en la economí­a informal, mientras los riesgos aumentan enormemente. A pesar de que algunas organizaciones no gubernamentales han realizado exámenes cualitativos entre grupos relativamente pequeños de niños y niñas trabajadores en ocupaciones «peligrosas» o propensas a la violencia, estos lugares de trabajo son notoriamente difí­ciles de investigar.

TIPOS DE VIOLENCIA

Las formas más comunes de violencia contra la niñez en los lugares de trabajo son:

– fí­sica (golpes, patadas, cachetadas, quemaduras y en casos extremos incluso asesinato);

– psicológica (gritos, regaños, insultos, amenazas, acoso, aislamiento, marginalización, discriminación); y

– sexual (acoso sexual y violación).

El daño más frecuente al bienestar de los niños y niñas trabajadores parece ser la baja autoestima resultante del abuso verbal, la humillación y el acoso fí­sico. Los niños y niñas se quejan frecuentemente de la falta de respeto con que son tratados.

RESPUESTAS A LA VIOLENCIA

La violencia como un problema especí­fico no ha tenido mucha atención de parte de los programas relacionados al trabajo infantil. Un reto que surge del estudio de Naciones Unidas es hacer que la violencia contra niños y niñas en los lugares de trabajo sea un tema más visible, y darle una prioridad más alta entre quienes elaboran polí­ticas públicas.

No hay ninguna experiencia en tratar el abuso y la violencia dentro de muchos programas existentes relacionados al trabajo infantil. La mayorí­a de ellos tienen múltiples objetivos, tratando causas económicas y culturales, la promoción de la educación y ocupaciones alternativas, movilización social sobre las necesidades de los niños y niñas y sus derechos, y abogací­a para cambiar actitudes hacia la aceptación del trabajo infantil.

Las respuestas apropiadas van a depender en un grado considerable en diferencias claves relativas a la naturaleza del trabajo o del lugar laboral, y por ende de la violencia en ellos.

En los casos donde la violencia es un componente integral de la naturaleza peligrosa y explotadora del trabajo, tratada en el Convenio 182 de la OIT sobre las peores formas de trabajo infantil, los niños y niñas no deben estar en el lugar de trabajo. Por ende, la principal respuesta va a ser permitirles dejar esas actividades y tomar un nuevo curso en sus vidas, con el apoyo de su familia, la sociedad y el Estado. Esto requiere un acercamiento multisectorial, incluyendo medidas para combatir la pobreza, promocionar la educación y reforzar los reglamentos laborales.

Cuando el trabajo se desarrolla en ambientes informales, la necesidad inmediata de los niños y niñas de protección de la violencia puede ser mejor tratada por programas que provean servicios como albergues y centros, educación no formal, desarrollo de habilidades para resistir acosos sexuales, actividades sociales deportivas y de recreación.

En los casos donde los niños, niñas y adolescentes están trabajando legalmente, ya sea porque tienen trabajos ligeros o están por encima de la edad mí­nima legal de empleo, y cuando enfrentan violencia de los empleadores u otros trabajadores, los esfuerzos pueden dirigirse a aumentar su protección y reducir sus vulnerabilidades y riesgos.

Los esfuerzos dirigidos a sacar a niños y niñas de los lugares de trabajo de explotadores necesitan ser acompañados por medidas que eliminen las razones económicas y sociales por las que ellos trabajan; si no, terminan muchas veces en más situaciones informales peligrosas.

EN GUATEMALA

Según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (2000) aproximadamente 17,350 niñas entre 7 y 14 años son trabajadoras domésticas, la Oficina de los Derechos Humanos del Arzobispado en su informe del mismo año da cuenta de 93 mil niños y niñas entre 10 y 14 años en situación de trabajo doméstico.

En total en el paí­s, más de medio millón de niños y niñas entre los 7 y 14 años trabajan, muchos de ellos un promedio de 47 horas a la semana tiempo mayor al que la ley guatemalteca estipula para los adultos.