Diversas actividades se desarrollaron en el mundo con motivo del Día Internacional de la Mujer el pasado 8 de marzo y en ellas se expuso, en especial, el impulso y respeto a los derechos de la mujer y la niña, así como las condiciones de igualdad que deben prevalecer en su desarrollo socioeconómico, político y cultural.
En Guatemala se efectuaron movilizaciones, actos y reuniones, donde destacaron la necesidad de erradicar cualquier forma de discriminación contra la mujer. Fueron eventos con presencia de los diversos sectores de la sociedad civil guatemalteca. En este contexto, hubo exposiciones de mujeres -organizadas o no- relativas a la necesidad de denunciar la violencia contra la mujer guatemalteca y determinar sus causas y consecuencias. El artículo 1 de la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer ubica la violencia como todo acto basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada.
Las mujeres guatemaltecas asumen en la actualidad una dinámica responsable y activa en sus diferentes actividades, pero es necesario garantizarles un trato equitativo con relación a oportunidades de participación y fortalecer su derecho a ocupar cargos de representación popular y asegurar su plena integración al desarrollo económico, político y social.
Ciudadanos y ciudadanas en Guatemala, así como otras naciones y organismos internacionales, exponen el incremento de los índices de violencia contra las mujeres en las ciudades y en el campo. Los gobiernos de Guatemala no han comprendido las diferentes formas de conflictividad presentes en la sociedad guatemalteca producto de diversos factores, en especial, por la presencia estructural de crisis económicas y el desgarre en el tejido social como consecuencia del conflicto armado interno. Asimismo, sus planes de gobierno no garantizaron el disfrute de los derechos de la población y su inmediata implicación se encuentra en la inseguridad. Las mujeres han sido afectadas por esta realidad, la cual se traduce en exclusión, abuso de poder, y discriminación.
No marginar a las mujeres en la toma de decisiones significa fortalecer los valores humanos y enfrentar la intolerancia cultural. Es necesario asumir el rechazo a prejuicios con relación la inferioridad de la mujer. Este factor implica anular cualquier ambiente hostil contra la emigración laboral femenina -ha crecido el número de mujeres guatemaltecas trabajando en la agricultura u otras áreas económicas en varios países- pues son seres humanos en busca de trabajo sin afectar a la sociedad receptora.
Las mujeres guatemaltecas se han incorporado a diferentes flujos migratorios. Son miles -no se ha cuantificado su volumen- a las cuales se les vulnera, inicialmente, el derecho a permanecer en su patria. Nadie puede coartarles su decisión de ir a otro país y buscar mejores alternativas de vida, pero es en Guatemala donde deberían desarrollarse si existieran las condiciones socioeconómicas para tener un salario o vivir sin el temor a la violencia.
La valoración gubernamental y del movimiento sindical y popular de Guatemala relativa al Día Internacional de la Mujer -en el caso de las migrantes laborales guatemaltecas- debe ser de solidaridad, pues su vida se encuentra en riesgo por la violencia. Son las autoridades de policía y migratorias de Guatemala, quienes deben actuar para impedir la acción pública de quienes trafican con seres humanos o se dedican a la trata de personas, ejerciendo acciones coercitivas para obligar a mujeres al ejercicio de la prostitución o la servidumbre forzada.
La situación de ser mujer migrante indocumentada (debe anularse el término ilegal) adquiere especial significado: llegan a un mundo laboral donde la realidad, en la mayoría de casos, será nuevamente el engaño y violencia -la ejercida por la delincuencia organizada- o la explotación en los centros laborales (servicio doméstico y maquiladoras, entre otros). Habrá incertidumbre porque les contaron experiencias diferentes y las oportunidades se pierden al recibir salarios o por las relaciones contractuales de poder. Por esta razón, la continuidad del Día Internacional de la Mujer se vincula a una necesaria reflexión para que las mujeres guatemaltecas inmersas en la migración laboral reclamen sus derechos.
La migración laboral de la mujer migrante guatemalteca se ha incrementado. Se integra la feminización de las migraciones y debe estar exenta de cualquier contenido de explotación. De igual manera, los sectores sociales de Guatemala deben asumir las conclusiones de la Reunión de expertos sobre migración internacional (México 30 de noviembre al 2 de diciembre de 2005) donde se establece: «La feminización de la migración guarda una estrecha relación con las características de la demanda laboral de los países receptores, con la consolidación de las redes sociales y con los procesos de reunificación familiar, por lo que es imperativo adoptar una perspectiva de género en el análisis de los procesos migratorios».